Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 56

La paz en Noche Eterna era como una melodía suave que todos habían aprendido a bailar. Pero las melodías, por hermosas que sean, a veces cambian de tono.

Era una noche de luna llena. La luz plateada se filtraba por las ventanas de la sala principal, iluminando las piedras negras con un brillo sobrenatural. Los siete guerreros y las siete llamas gemelas estaban reunidos alrededor de la mesa de obsidiana, compartiendo una cena ligera y conversaciones tranquilas.

Bora estaba sentada entre Yoongi y Soojin, con una taza de té humeante entre las manos. La runa en su muñeca latía suavemente, en sincronía con la de Yoongi, un recordatorio constante de su conexión. Todo parecía estar en orden.

Hasta que Taehyung se puso en pie de repente.

Su cuerpo se tensó, y sus ojos se volvieron blancos, lechosos, como cuando usaba sus poderes para ver más allá de lo visible. La runa en su frente brilló con una intensidad que hizo que todos en la mesa se quedaran en silencio.

— ¿Qué pasa? — preguntó Namjoon, levantándose también.

Taehyung no respondió de inmediato. Sus ojos blancos recorrieron la sala, como si estuviera viendo algo que nadie más podía ver. Luego, con una voz que parecía venir de muy lejos, habló:

— Hay una grieta. No es grande, pero está creciendo. Está en el límite del territorio, cerca del bosque de Bukhansan. No sé cómo se abrió, pero no debería estar ahí —

— ¿Es la tormenta? — preguntó Bora, sintiendo que el pánico comenzaba a trepar por su espalda.

— No — respondió Taehyung, y su voz recuperó un tono más humano.

— No es la tormenta. Es algo más. Algo que no estaba ahí antes. Algo que se está formando desde dentro —

Yoongi se levantó de su silla con un movimiento rápido y silencioso.

— Hay que cerrarla — dijo.

— Antes de que crezca —

— No podemos cerrarla así nada más — intervino Namjoon, con la voz firme.

— Necesitamos saber qué la causó. Y necesitamos prepararnos —

— Entonces preparemonos — dijo Soojin, poniéndose en pie.

— Pero no podemos esperar demasiado. Si crece, podría atraer a criaturas que no queremos aquí —

Namjoon asintió.

— Bien. Yoongi, Jungkook, Hoseok: Vayan al bosque y evalúen la situación. No hagan nada hasta que tengamos un plan. Taehyung, Soyeon, van con ellos. Pueden sentir la tierra y las runas mejor que nadie. Los demás, refuercen las defensas de Noche Eterna —

— ¿Y nosotras? — preguntó Bora, señalando a las llamas gemelas.

— Se quedan aquí — respondió Namjoon.

— Por ahora. Si es necesario, las llamaremos. Pero primero necesitamos saber qué estamos enfrentando —

Bora quiso protestar, pero Yoongi la detuvo con una mirada. No era una mirada de desprecio, sino de preocupación.

— Quédate — dijo.

— Por favor —

Bora sintió que las palabras se le quedaban atascadas en la garganta. No era fácil quedarse cuando todo su instinto le decía que debía estar ahí, en el frente.

— Está bien — respondió finalmente.

— Pero si necesitan ayuda, llamen. No me quedaré aquí esperando mientras ustedes están en peligro —

Yoongi asintió, y por un momento, sus dedos rozaron los de ella en un gesto rápido y silencioso.

— No te preocupes — susurró.

— Volveré —

Y entonces, los cinco guerreros y Soyeon salieron de Noche Eterna, adentrándose en la noche.

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El bosque de Bukhansan estaba en silencio. Demasiado silencio.

Yoongi caminaba al frente, con los sentidos en alerta máxima. La runa en su pecho latía con fuerza, no de dolor, sino de advertencia. Algo no estaba bien.

— Aquí — dijo Taehyung, deteniéndose en un claro donde la luz de la luna apenas se filtraba a través de los árboles.

En el centro del claro, había una grieta.

No era como las que habían visto antes. No era oscura ni amenazante, sino más bien translúcida, como una burbuja de vidrio en el aire. A través de ella, podían ver un reflejo distorsionado del bosque, como si la realidad se estuviera doblando sobre sí misma.

— ¿Qué es? — preguntó Jungkook, con el hacha en la mano.

—No lo sé — respondió Taehyung.

— Pero no es natural. Alguien la creó. Y no fue un accidente —

— ¿El Círculo? — preguntó Hoseok.

— No lo creo. El Círculo está destruido. Esto es diferente —

— ¿Quién, entonces? — preguntó Soyeon.

Taehyung guardó silencio un momento. Luego, con una voz que era apenas un susurro:

— Alguien que quiere llamar nuestra atención —

La grieta brilló, y por un momento, todos vieron algo en su interior: Una figura. Una silueta de una mujer, con el cabello largo y oscuro, vestida con una túnica antigua. No era Hyejin. No era Ara. Era alguien nuevo. Alguien que los miraba con una mezcla de tristeza y esperanza.




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