El estanque del loto de Ara era el corazón del jardín de los recuerdos.
Sus aguas eran claras y tranquilas, reflejando el cielo como un espejo perfecto. El loto de Ara flotaba en el centro, con sus pétalos blancos siempre abiertos, como una vigilia constante. Pero bajo la superficie, donde el agua se encontraba con la piedra que bordeaba el estanque, algo esperaba.
Las siete parejas se reunieron alrededor del estanque, con las manos entrelazadas y los ojos fijos en el lugar donde el agua y la piedra se encontraban. La luz de la tarde se reflejaba en la superficie del agua, creando patrones de sombra y claridad.
— ¿Por dónde empezamos? — preguntó Hana.
— Aquí — dijo Bora, señalando el borde del estanque, donde una pequeña losa de piedra sobresalía ligeramente del agua.
— Siempre he notado esta piedra. Es diferente a las demás. Como si hubiera sido colocada ahí con un propósito —
Taehyung se arrodilló junto al borde del estanque y tocó la piedra con la yema de los dedos. La runa en su frente brilló suavemente, y cerró los ojos en concentración.
— Hay algo aquí — dijo después de un momento.
— Bajo la piedra. Una runa. Muy antigua. Más antigua que las que hemos encontrado hasta ahora —
— ¿Cómo la sacamos? — preguntó Soojin.
— No la sacamos. La activamos — Taehyung abrió los ojos y miró a Bora.
— Usa la llave de luz. No para sellar, sino para abrir. La energía de un recuerdo puede despertar lo que está dormido —
Bora asintió y se arrodilló junto a él. Cerró los ojos y buscó en su mente un recuerdo intenso, uno que pudiera transformar en luz. Esta vez, eligió el momento en que había visto el loto de Ara florecer por primera vez, cuando la paz había vuelto a Noche Eterna.
La esfera de luz violeta apareció en sus manos, brillante y estable. Sin dudar, la dirigió hacia la losa de piedra.
La luz tocó la piedra, y por un momento, no pasó nada. Luego, la piedra comenzó a brillar. Una runa que no habían visto antes emergió en su superficie, antigua y compleja, como un jeroglífico de otro tiempo. La runa brilló intensamente y luego se desvaneció, dejando la piedra tal como estaba.
— No pasó nada — dijo Yeri, con un dejo de decepción.
— No — dijo Soyeon, que estaba arrodillada al otro lado del estanque.
— Pasó algo —
Señaló el agua. En la superficie, justo donde el loto de Ara flotaba, un pequeño remolino comenzó a formarse. No era violento, sino suave, como si alguien estuviera moviendo el agua desde abajo.
El remolino creció lentamente, y en su centro, comenzó a emerger algo. No era una flor ni una piedra, sino un objeto: Un pequeño cofre de piedra negra, cubierto de runas que brillaban con luz violeta.
— Es un cofre — dijo Hana, con asombro.
— No es un cofre cualquiera — respondió Taehyung.
— Es un guardián. Contiene recuerdos. Nombres. Historias que se perdieron —
Soojin extendió una mano temblorosa y tomó el cofre. Era más liviano de lo que parecía, y cuando lo tocó, sintió que una oleada de calor la recorría.
— Abrámoslo — dijo.
— No aquí — intervino Namjoon.
— Llevémoslo a la cámara del altar. Ahí es donde debe ser abierto.
El grupo asintió y se dirigió a la cámara del altar, con el cofre en manos de Soojin.
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En la cámara del altar, las siete llamas gemelas y los siete guerreros se sentaron en círculo, con el cofre en el centro. Las runas en las paredes brillaban tenuemente, como si estuvieran esperando.
— Estoy lista — dijo Soojin, colocando sus manos sobre el cofre.
— Todos estamos listos — respondió Bora.
Soojin abrió el cofre.
No hubo un destello de luz ni una explosión de energía. Solo un susurro, como el viento que atraviesa un bosque vacío. Y del interior del cofre, comenzaron a surgir nombres. Docenas de nombres. Nombres de guerreras que habían caído antes de que el velo existiera, antes de que la Hermandad se formara, antes de que las runas se escribieran.
— Son tantos — susurró Chaeyoung, con lágrimas en los ojos.
— Son todas ellas — dijo Soojin, con la voz quebrada.
— Todas las que olvidamos —
— Y ahora — dijo Taehyung, con su runa brillando intensamente.
— Podemos recordarlas —
Y en la cámara del altar, los nombres de las guerreras olvidadas comenzaron a ser escritos en el pergamino de Soojin, uno a uno, como una lluvia de luz que finalmente había encontrado su hogar.