Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 68

Las margaritas brotaron con una rapidez que sorprendió incluso a Soyeon.

En apenas unos días, la nueva parcela del jardín se cubrió de un manto verde y brillante, y pronto, pequeñas flores blancas comenzaron a asomar entre las hojas, como diminutas estrellas caídas del cielo. El jardín de los recuerdos se había expandido, y con cada nueva flor, el peso de los nombres recuperados se hacía más ligero, más llevadero.

Soojin pasaba cada vez más tiempo en el jardín, sentada bajo el cerezo o junto a los lirios de agua, con el pergamino de los nombres abierto sobre sus rodillas. A veces, leía los nombres en voz alta, como si estuviera hablando con las guerreras. Otras veces, simplemente se quedaba en silencio, sintiendo su presencia en el susurro del viento y en el brillo de las flores.

Una tarde, mientras el sol se ponía y el jardín se teñía de tonos dorados y rosados, Soojin sintió que algo cambiaba en el aire. No era una presencia, sino una ausencia. Como si una de las voces que siempre había estado allí se hubiera desvanecido.

— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, que estaba sentado a su lado.

— No lo sé — respondió Soojin, con la frente fruncida.

— Siento que algo falta. Como si una de las guerreras se hubiera ido —

— ¿Tal vez descansó en paz? —

— Tal vez. Pero no es una sensación de pérdida. Es más bien una sensación de... liberación —

Taehyung, que estaba cerca con Soyeon, se acercó al oír sus palabras.

— Puede que sea cierto — dijo.

— A veces, cuando un recuerdo es honrado por completo, la guerrera que lo habitaba puede liberarse. Su nombre sigue en el pergamino, pero su esencia ya no necesita estar atada a este mundo.

— ¿Entonces ya no está aquí? — preguntó Soojin.

— No de la misma manera. Pero su nombre sigue vivo. Y su historia también —

Soojin miró el pergamino y buscó entre los nombres. No había ninguno que brillara menos que los demás. Todos seguían allí, escritos con su tinta de runa, como estrellas en un mapa celeste.

— Tal vez solo necesito acostumbrarme a la idea — dijo.

— A que algunas de ellas sigan adelante —

— Es parte del proceso — respondió Taehyung.

— Recordar no es solo mantener vivo el pasado. Es también dejar ir cuando es necesario —

Soojin asintió lentamente. Luego, con una voz que era apenas un susurro:

— Y aun así, no las olvidaré —

— No — respondió Dohyun.

— Nunca lo harás —

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Esa noche, Soojin soñó con las guerreras otra vez.

Pero esta vez, el sueño era diferente. No estaba en un campo de flores, sino en una sala de luz dorada, donde las figuras de las guerreras estaban sentadas en un círculo. No estaban todas, solo algunas: Ara, Haewon, Minah, y unas pocas más cuyos rostros Soojin reconocía de los nombres que había escrito.

— Gracias — dijo Ara, con su sonrisa suave.

— Por recordarnos —

— Ahora podemos irnos — dijo Haewon.

— Porque sabemos que no seremos olvidadas —

— Pero no es una despedida — dijo Minah.

— Es un hasta luego. Nuestros nombres seguirán en el pergamino. Y nuestras historias seguirán vivas en vosotros —

Soojin sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

— No las olvidaré — dijo.

— Nunca —

— Lo sabemos — respondieron todas al unísono, como un coro de voces luminosas.

— Por eso podemos descansar —

La luz dorada se desvaneció lentamente, y Soojin despertó con la certeza de que algo había cambiado. No era tristeza, sino una paz profunda, como si hubiera completado un ciclo que no sabía que había empezado.

— ¿Estás bien? — preguntó Dohyun, al verla despierta.

— Sí — respondió Soojin.

— Estoy bien. Solo que... algunas de ellas se han ido —

— ¿Y eso es bueno? —

— Sí — dijo Soojin, con una sonrisa.

— Es bueno. Porque significa que están en paz —

Y en el jardín, las flores se mecieron con la brisa, como si estuvieran celebrando.




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