Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 71

La luna brillaba alta sobre el jardín, bañando el cerezo y las flores con una luz plateada y suave. Los pasos de Bora y Yoongi se alejaban hacia la entrada de Noche Eterna, y el jardín quedaba sumido en un silencio que no era vacío, sino lleno de presencia.

Soojin se había quedado un poco más. Sentada junto al estanque de los lirios, con el pergamino de los nombres extendido sobre sus rodillas, observaba cómo la luz de la luna se reflejaba en el agua y cómo las flores se mecían ligeramente bajo la brisa nocturna.

— ¿No vas a dormir? — preguntó Dohyun, apareciendo detrás de ella.

— En un momento — respondió Soojin, sin apartar la mirada del estanque.

— Solo quería quedarme un poco más —

— ¿Pasa algo? —

Soojin guardó silencio un momento. Luego, con la voz baja:

— Siento que hay alguien más. Alguien que aún no hemos encontrado. No es una voz clara, sino un eco. Como si estuviera esperando, pero no supiera cómo llamarnos —

Dohyun se sentó a su lado y siguió su mirada hacia el estanque.

— ¿Dónde crees que está? —

— No lo sé. Pero el viento me lo ha traído. Y el cerezo también lo siente. Cada vez que sus ramas se mueven, el eco se hace más fuerte —

Dohyun extendió una mano y tocó suavemente el pergamino.

— Entonces mañana buscaremos. Pero ahora, descansa —

Soojin asintió y enrolló el pergamino con cuidado. Antes de levantarse, rozó la superficie del agua con la punta de los dedos, y el estanque brilló brevemente con un destello violeta.

— Mañana — susurró.

— Mañana te encontraremos —

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A la mañana siguiente, Soojin contó su sueño a los demás. No había sido un sueño como los otros, lleno de figuras de guerreras y campos de flores. Había sido más simple, pero más urgente: Una voz que repetía una sola palabra una y otra vez.

"Suyeon" — dijo Soojin, y el nombre resonó en la sala.

— Lo he oído muchas veces. Pero no sé quién es —

— Suyeon — repitió Taehyung, con la frente fruncida.

— No es uno de los nombres del pergamino —

— Pero está en las piedras — intervino Soyeon.

— En las más antiguas. Las que aún no hemos descifrado del todo —

— ¿Crees que Suyeon es una guerrera olvidada? — preguntó Bora.

— No lo sé — respondió Soojin.

— Pero sé que está llamando. Y que tenemos que escucharla —

— Entonces busquémosla — dijo Namjoon.

— ¿Dónde crees que está? —

Soojin cerró los ojos, recordando la sensación del eco en el viento y el destello en el estanque.

— Donde el agua se encuentra con la piedra — dijo finalmente.

— No el manantial donde encontramos el segundo cofre, sino otro lugar. Más profundo. Donde la tierra se abre y el agua fluye desde dentro —

— ¿Conoces algún lugar así? — preguntó Jungkook.

Soyeon asintió lentamente.

— Sí. Hay una cueva en el bosque de Bukhansan, cerca de la cima de la montaña. El agua brota de la roca y forma un pequeño lago subterráneo. Las runas dicen que es un lugar sagrado, pero nadie ha ido allí en siglos —

— Entonces iremos — dijo Soojin.

— Hoy —

El grupo se preparó rápidamente. Esta vez, fueron todos: Las siete parejas, listas para enfrentar lo que encontraran en la cueva. Nadie quería quedarse atrás.

El camino hacia la cueva fue empinado y rocoso, pero la determinación de Soojin los guiaba. Cuando finalmente llegaron, la entrada de la cueva era una abertura oscura en la pared de la montaña, cubierta de musgo y enredaderas.

— Aquí es — dijo Soyeon.

— El lugar donde el agua se encuentra con la piedra —

Entraron.

La cueva era más grande de lo que esperaban, y en su centro, un lago de agua cristalina reflejaba la tenue luz que entraba por las grietas del techo. El silencio era profundo, pero no vacío. Algo estaba allí, esperando.

Soojin caminó hasta la orilla del lago y se arrodilló. Sumergió su mano en el agua, y al instante, el eco que había estado sintiendo se volvió más fuerte, más claro.

— Suyeon — susurró.

— Estoy aquí. ¿Qué necesitas? —

El agua del lago comenzó a brillar. Y en el centro del lago, una figura comenzó a formarse: una mujer de cabello oscuro y túnica antigua, con los ojos cerrados y una expresión de paz.

No era un fantasma. Era un recuerdo. Un eco. Un nombre que finalmente encontraba su voz.

Soojin extendió una mano hacia la figura, y en el momento en que sus dedos rozaron la superficie del agua, el eco se hizo carne en su mente: Suyeon.

— Te recordamos — dijo Soojin.

— Y nunca te olvidaremos —




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