Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 72

El regreso de la cueva fue más ligero que la ida, como si el eco de Suyeon hubiera aligerado la carga que todos llevaban sin saberlo.

Soojin caminaba con el pergamino de los nombres apretado contra el pecho, sintiendo que el nombre recién escrito vibraba suavemente entre las páginas. Suyeon. No era solo un nombre más. Era una pieza que encajaba en un lugar que no sabían que estaba vacío.

Cuando llegaron a Noche Eterna, el jardín los recibió con su resplandor habitual. El cerezo se meció con la brisa, y los pétalos cayeron sobre ellos como una bienvenida silenciosa. Soojin se sentó bajo el árbol, con el pergamino abierto sobre sus rodillas, y comenzó a escribir.

No era una escritura normal. Era como si el nombre mismo la guiara, como si Suyeon estuviera dictando su propia historia desde algún lugar más allá del tiempo. Soojin escribió sobre su valentía, su sacrificio, el amor que había dejado atrás y la esperanza que la había sostenido durante siglos.

Cuando terminó, el pergamino brilló con un destello de luz violeta, y Soojin supo que Suyeon finalmente descansaba en paz.

— ¿Cómo te sientes? — preguntó Dohyun, sentándose a su lado.

— Completa — respondió Soojin.

— Como si hubiera encontrado algo que no sabía que estaba buscando —

— Y ahora, ¿qué sigue? —

Soojin miró el pergamino. Los nombres cubrían casi toda la superficie, formando un tapiz de tinta y luz. Pero en el borde, aún quedaba espacio.

— Todavía hay más — dijo.

— Lo sé. Pero por ahora, vamos a celebrar a Suyeon. Como hicimos con las otras —

Y así lo hicieron.

Esa misma tarde, plantaron un pequeño arbusto de jazmín junto al cerezo, en honor a Suyeon. Las flores blancas y fragantes se abrieron rápidamente, llenando el jardín de un aroma dulce y reconfortante.

— Jazmín — dijo Soyeon, mientras cubría las raíces con tierra.

— Es la flor de la conexión. De los lazos que no se rompen. Perfecta para ella —

— ¿Crees que ella lo sabrá? — preguntó Yeri.

— Sí — respondió Soojin.

— Y estará agradecida —

Al caer la noche, las siete parejas se reunieron alrededor del cerezo. Yeri tocó una melodía suave, y todos la escucharon en silencio, sintiendo que el jardín estaba más vivo que nunca.

— Suyeon — susurró Soojin, y el nombre resonó en el viento.

— Descansa en paz. No te olvidaremos —

Y en el jardín, las flores brillaron bajo la luz de la luna, como si estuvieran respondiendo.




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