Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 73

El jazmín de Suyeon creció con una rapidez que sorprendió incluso a Soyeon.

En apenas unos días, el pequeño arbusto se había convertido en una mata frondosa y fragante, cuyas flores blancas se abrían al atardecer y llenaban el jardín de un aroma dulce y profundo. Era como si la esencia de Suyeon se hubiera filtrado en la tierra y estuviera floreciendo a través de las ramas.

Soojin pasaba largas horas junto al jazmín, con el pergamino de los nombres abierto sobre sus rodillas. A veces, leía en voz alta los nombres de las guerreras, como si estuviera compartiendo una historia con una amiga invisible. Otras veces, simplemente se quedaba en silencio, escuchando el susurro de las hojas y sintiendo la presencia de Suyeon a su alrededor.

Una tarde, mientras el sol comenzaba a descender y el jardín se teñía de tonos dorados y rosados, Soojin sintió que algo cambiaba en el aire. No era una presencia, sino una sensación. Como si alguien estuviera a punto de hablar, pero aún no encontrara las palabras.

— ¿Suyeon? — susurró Soojin, con el corazón latiendo con fuerza.

No hubo respuesta, pero las flores del jazmín se mecieron ligeramente, y Soojin sintió que el eco de un nombre (un nombre nuevo, aún no escrito) rozaba el borde de su conciencia.

— Todavía hay más — dijo en voz baja, como si hablara consigo misma.

— Más nombres. Más historias. Más guerreras esperando —

Dohyun, que estaba cerca, se acercó a ella con una expresión de preocupación.

— ¿Estás bien? —

— Sí — respondió Soojin, con una sonrisa suave.

— Solo que el jazmín me ha hablado. No con palabras, pero con… intención. Hay otra guerrera. Otra que está llamando —

— ¿Dónde? —

— No lo sé. Pero el jazmín lo sabe. Y el cerezo también. Tal vez si nos concentramos, podamos seguir el rastro —

Soojin se levantó y caminó hacia el cerezo. Colocó sus manos sobre el tronco, como había hecho otras veces, y cerró los ojos. La runa en su nuca brilló suavemente, y sintió que la energía del árbol se elevaba a través de sus brazos, conectándola con algo más profundo.

— Está en el este — dijo, abriendo los ojos.

— En un lugar donde la tierra es roja y el agua es clara. No sé exactamente dónde, pero sé cómo llegar —

— Entonces iremos — dijo Namjoon, que había estado observando desde la entrada del jardín.

— Mañana, al amanecer —

— Iremos todos — añadió Bora.

— Juntos —

Y en el jardín, el jazmín de Suyeon se meció con la brisa, como si estuviera de acuerdo.




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