Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 74

El este. La tierra roja y el agua clara. Eso era todo lo que tenían.

El grupo se preparó al amanecer, como habían acordado. Las siete parejas se reunieron en la entrada de Noche Eterna, con mochilas ligeras y la determinación grabada en sus rostros. Soojin llevaba el pergamino de los nombres enrollado bajo el brazo, y Bora llevaba el libro de la llave de luz, por si acaso.

— ¿Sabes exactamente hacia dónde vamos? — preguntó Yoongi, mientras caminaban hacia el este.

— No del todo — admitió Soojin.

— Pero el cerezo me guió en esa dirección. Y el jazmín de Suyeon también. Es como si ambas plantas estuvieran señalando el mismo lugar —

— Entonces confiemos en ellas — dijo Hana, con su voz tranquila y práctica.

— Las plantas saben más de lo que creemos —

Caminaron durante horas, dejando atrás los edificios de Seúl y adentrándose en un paisaje más abierto y rural. La tierra comenzó a cambiar de color, volviéndose más rojiza y arcillosa, y el aire se llenó del olor a hierba seca y a minerales. Finalmente, llegaron a un valle rodeado de colinas bajas, donde un arroyo de agua cristalina serpenteaba entre las rocas.

— Aquí es — dijo Soojin, deteniéndose.

— Lo siento. La tierra roja, el agua clara. Todo coincide —

— Pero no hay nada — dijo Jungkook, escaneando el paisaje con la mirada.

— Solo rocas y agua —

— No hay nada visible — corrigió Taehyung.

— Pero hay algo. Lo siento. Está bajo la tierra —

Comenzaron a buscar. Bora se arrodilló junto al arroyo y sumergió una mano en el agua. La llave de luz en su pecho comenzó a brillar con un resplandor suave, y sintió que la energía del agua se conectaba con algo enterrado en el fondo.

— Hay algo aquí — dijo, señalando una zona donde el agua se arremolinaba lentamente.

— Bajo las rocas —

Taehyung y Soyeon se arrodillaron junto a ella y, trabajando juntos, comenzaron a apartar las piedras. La tierra bajo ellas era más blanda, más húmeda, como si alguien la hubiera removido recientemente. Y bajo la tierra, encontraron lo que buscaban: Un cofre. Otro cofre de piedra negra, similar a los anteriores, pero más grande.

— Es el tercero — dijo Soojin, con la voz temblorosa.

— Otro cofre —

— Ábrelo — dijo Namjoon

Soojin asintió y colocó sus manos sobre el cofre. Cuando lo abrió, los nombres comenzaron a surgir, no como una lluvia de luz, sino como un susurro suave y constante. Eran menos que en los cofres anteriores, apenas veinte, pero cada uno era importante, cada uno era una vida que merecía ser recordada.

Soojin escribió los nombres en el pergamino con la misma precisión de siempre, sintiendo que su corazón se expandía con cada palabra. Cuando terminó, cerró el cofre y lo sostuvo contra su pecho.

— 20 más — dijo, con una sonrisa.

— 20 guerreras que no serán olvidadas —

— 20 — repitió Hana, con asombro.

— Se suman a las que ya teníamos —

— Y todas ellas merecen un lugar en el jardín — dijo Soyeon.

— Entonces plantemos algo — propuso Chaeyoung.

— En su memoria. Aquí mismo —

— No — intervino Taehyung.

— Llevemos el cofre a Noche Eterna. Allí es donde deben ser recordadas. En el jardín, junto a las otras —

El grupo asintió y emprendió el regreso. El camino de vuelta fue más ligero, como si los nombres recién encontrados hubieran aligerado una carga que llevaban sin saberlo.

Al llegar, Soojin y Dohyun plantaron violetas en una nueva parcela del jardín, junto al cerezo. Las flores pequeñas y moradas se abrieron rápidamente, como si estuvieran ansiosas por florecer.

— Violetas — dijo Soojin, mientras cubría las semillas con tierra.

— Son flores pequeñas pero resistentes. Crecen en lugares donde otras plantas no pueden. Son perfectas para estas guerreras —

— Y serán recordadas — dijo Dohyun.

— Como todas las demás —

El jardín de los recuerdos se expandía cada vez más, con nuevas flores y nuevos nombres que se sumaban al tapiz de la memoria. Y en el centro, el cerezo seguía meciéndose con la brisa, como un guardián silencioso de todas las historias que habían encontrado su hogar.

Soojin se sentó bajo el cerezo, con el pergamino de los nombres abierto sobre sus rodillas. Los nombres cubrían la superficie casi por completo, y aún quedaban algunos espacios, como si supiera que habría más por encontrar.

— Todavía hay más — susurró.

— Pero por ahora, estamos aquí —

Y en el jardín, las flores brillaron bajo la luz de la luna, como si estuvieran de acuerdo.




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