El jardín de los recuerdos se había convertido en un lugar de encuentro, no solo para los siete guerreros y las siete llamas gemelas, sino también para los ecos de las guerreras que habían sido recordadas. Las flores se mecían con una brisa que no siempre era del mundo visible, y los pétalos caían en patrones que parecían formar nombres.
Sin embargo, la paz del jardín no era eterna.
Una noche, mientras la luna llena iluminaba el cerezo y las flores, Soojin sintió un cambio en el aire. No era una presencia, sino una ausencia, como si algo hubiera desaparecido de su lugar. Se levantó de su asiento bajo el cerezo y caminó hacia el estanque, donde el loto de Ara flotaba en silencio.
— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, apareciendo a su lado.
— No lo sé — respondió Soojin.
— Pero el jardín está inquieto. Como si algo faltara —
— ¿Algo o alguien? —
Soojin cerró los ojos y concentró su atención en las runas del jardín. Las sentía vibrar, como cuerdas de violín que alguien había pulsado y que aún no terminaban de callarse. Pero había una nota que no encajaba, una vibración que no pertenecía a ninguna de las guerreras recordadas.
— Hay alguien más — dijo, abriendo los ojos.
— Alguien que no está en el pergamino. Alguien que está llamando desde las sombras —
— ¿Dónde? —
— En la entrada de Noche Eterna. En el límite entre la luz y la oscuridad —
El grupo se reunió rápidamente. Taehyung y Soyeon ya estaban en la entrada cuando los demás llegaron, y sus expresiones confirmaban lo que Soojin había sentido.
— Hay una presencia — dijo Taehyung.
— No es hostil, pero tampoco es conocida. Y está esperando —
— ¿Qué quiere? — preguntó Namjoon.
— Eso es lo que tenemos que descubrir —
Caminaron hacia la entrada de Noche Eterna, donde las sombras se movían lentamente en el borde de la luz de las runas. Y allí, al límite de lo visible, vieron a una figura. No era sólida, sino translúcida, como un reflejo en el agua. Era una mujer, con el cabello largo y oscuro, vestida con una túnica antigua. No tenía runas visibles, pero en sus ojos había una luz tenue, como una llama a punto de apagarse.
— ¿Quién eres? — preguntó Soojin, dando un paso hacia ella.
La figura levantó la cabeza. Su rostro era joven, pero sus ojos eran viejos, como si hubieran visto demasiado.
— Soy la que nunca fue recordada — respondió, y su voz era un eco que venía de muy lejos.
— La que cayó antes de que el velo existiera. Mi nombre se perdió en la primera grieta, y nadie lo encontró. Pero he estado esperando —
— ¿Esperando qué? — preguntó Bora.
— A alguien que me escuche. Que me recuerde. Que me dé un nombre —
Soojin sintió que el corazón le daba un vuelco.
— ¿Sabes cuál es tu nombre? —
— No. Lo perdí. Pero alguien lo sabe. Alguien que está más allá del velo. Si buscan en el lugar donde la luz se encuentra con la sombra, encontrarán mi nombre —
— ¿El lugar donde la luz se encuentra con la sombra? — repitió Yoongi.
— El límite entre el día y la noche — respondió la figura.
— El momento en que el sol se pone y la luna aún no ha salido. Allí encontrarán lo que buscan —
La figura comenzó a desvanecerse, y su forma se hizo cada vez más translúcida.
— No te vayas — dijo Soojin, extendiendo una mano hacia ella.
— ¿Cómo te llamas? —
— No lo sé — respondió la figura, y su voz era apenas un susurro.
— Pero tú lo descubrirás —
Y desapareció.
El grupo se quedó en silencio, procesando lo que habían visto y oído.
— El lugar donde la luz se encuentra con la sombra — dijo Namjoon.
— El crepúsculo. El momento entre el día y la noche —
— ¿Hay algún lugar en Noche Eterna que esté siempre en ese estado? — preguntó Hana.
Taehyung asintió lentamente.
— Hay una cámara. En el nivel más profundo. Donde la luz de las runas y la oscuridad natural se encuentran en un equilibrio perfecto. Nunca he ido ahí. Pero sé que existe —
— Entonces iremos mañana — dijo Soojin.
— Al amanecer. Y encontraremos su nombre —
Y en el jardín, las flores se mecieron con la brisa, como si estuvieran esperando.