El nivel más profundo de Noche Eterna era un lugar que la mayoría de los guerreros evitaban.
No porque fuera peligroso, sino porque era incómodo. Ahí, las runas de luz y la oscuridad natural se encontraban en un equilibrio tan perfecto que el ojo humano no podía decidir si era de día o de noche. Las sombras se movían lentamente, como si estuvieran hechas de un material más denso que el aire, y la luz de las runas parpadeaba con un ritmo diferente, como si estuviera respirando.
Taehyung guió al grupo a través de los pasillos laberínticos, pasando por puertas que no se abrían con llave sino con intención, hasta que llegaron a una cámara circular, con paredes de piedra negra que brillaban tenuemente con la luz de las runas incrustadas en la roca.
En el centro de la cámara, una losa de piedra blanca descansaba sobre un pedestal de obsidiana. No era un altar, sino algo más antiguo. Un lugar de espera.
— Aquí es — dijo Taehyung, deteniéndose en el umbral.
— La cámara del crepúsculo. Donde la luz y la sombra se encuentran —
Soojin entró lentamente, con el pergamino de los nombres apretado contra el pecho. La cámara parecía estar vacía, pero no se sentía vacía. Algo (o alguien) estaba ahí, esperando.
— ¿Dónde está? — preguntó Bora, en voz baja.
— No lo sé — respondió Soojin.
— Pero siento su presencia. Como un susurro en el borde de la conciencia —
— Tal vez necesite que la llames — sugirió Yeri.
Soojin cerró los ojos y se concentró en la sensación que había estado sintiendo desde la noche anterior: El eco de una figura translúcida, la necesidad de ser recordada. Abrió los labios y llamó en voz alta, aunque no sabía a quién.
— Ven — dijo.
— Estoy aquí. Quiero escucharte —
La cámara respondió. No con un destello de luz ni con un rugido, sino con un cambio en el aire. La temperatura descendió ligeramente, y las sombras en las paredes comenzaron a moverse con más propósito.
Y entonces, la figura apareció.
No era translúcida como la noche anterior. Esta vez, era más sólida, más definida. La mujer de cabello oscuro y túnica antigua estaba de pie frente a Soojin, con los ojos abiertos y una expresión de serenidad.
— Has venido — dijo la figura, y su voz era más clara que antes, casi humana.
— Sí — respondió Soojin.
— He venido a encontrar tu nombre —
— Nadie lo ha buscado antes —
— Pero yo lo haré ahora —
La figura sonrió, y por primera vez, Soojin vio esperanza en sus ojos.
— ¿Cómo? — preguntó la figura.
— Usando el vínculo — intervino Taehyung, que estaba en la entrada.
— Soojin, tienes que tocarla. No con las manos, sino con la intención. Con el recuerdo de todas las guerreras que has recordado. Su energía te guiará —
Soojin asintió y extendió una mano hacia la figura, sin tocarla, pero con la intención clara de conectar. Las runas en su nuca brillaron, y sintió que el nombre surgía en su mente, claro y brillante, como una estrella que siempre había estado ahí.
— Yunseo — susurró Soojin.
— Tu nombre es Yunseo. La que sostiene la luz en la oscuridad.
La figura de Yunseo brilló con una luz cálida y dorada, y su sonrisa se hizo más amplia.
— Yunseo — repitió, y el nombre resonó en la cámara como una campanada.
— Ese es mi nombre. Lo recuerdo ahora —
— Ahora puedes descansar — dijo Soojin.
— Sí — respondió Yunseo, comenzando a desvanecerse.
— Ahora puedo —
Y desapareció.
Soojin se quedó en silencio, con el nombre de Yunseo grabado en su corazón y en el pergamino de los nombres.
— Una más — dijo Bora, con una sonrisa.
— Una más — confirmó Soojin.
— Y no será olvidada —
Salieron de la cámara del crepúsculo, y al hacerlo, sintieron que una paz nueva se instalaba en Noche Eterna.