El nombre de Yunseo se sumó al pergamino como una estrella más en un cielo que seguía expandiéndose.
Soojin lo escribió con una calma que no había sentido antes, como si cada nombre que añadía fuera un paso más hacia la paz que todos buscaban. Cuando terminó, el pergamino brilló con un resplandor suave, y Soojin supo que Yunseo, al igual que las otras, descansaba en paz.
— ¿Qué planta crees que le gustaría? — preguntó Hana, mientras observaban el jardín desde la entrada.
— Algo que florezca en la penumbra — respondió Soojin.
— Algo que no necesite pleno sol para brillar —
— Lirios de sombra — dijo Soyeon.
— Crecen en los lugares más oscuros y florecen con una luz propia. Son perfectos para ella —
— Entonces plantaremos lirios de sombra — dijo Soojin.
— En la parcela más cercana a la entrada de la cámara del crepúsculo —
Y así lo hicieron.
Soojin y Dohyun plantaron los lirios de sombra en una pequeña parcela junto al cerezo, justo donde la luz del día comenzaba a desvanecerse y las sombras se alargaban. Las plantas eran pequeñas y oscuras al principio, pero pronto comenzaron a brotar, y sus flores, de un blanco pálido y brillante, se abrieron como pequeñas lunas en la penumbra.
— Es hermoso — dijo Yeri, mientras observaba las flores.
— Es Yunseo — respondió Soojin.
— Su luz sigue brillando —
Los días pasaron, y el jardín de los recuerdos siguió creciendo. Cada nueva flor era un nombre recordado, cada nombre una historia que encontraba su lugar. El cerezo se mecía con la brisa, y los pétalos caían como una lluvia de luz sobre las flores.
Las siete parejas pasaban cada vez más tiempo en el jardín, compartiendo historias y silencios. El jardín se había convertido en su hogar, un lugar donde podían ser ellos mismos, sin armas, sin batallas, solo con la compañía de los recuerdos.
Una tarde, mientras el sol se ponía y el jardín se teñía de tonos dorados y rosados, Soojin sintió que algo cambiaba en el aire. No era una presencia, sino una sensación de completitud. Como si todos los nombres que habían encontrado finalmente estuvieran en su lugar.
— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, a su lado.
— Nada — respondió Soojin, con una sonrisa.
— Solo que todo está bien —
— ¿Estás segura? —
— Sí — Soojin apoyó la cabeza en su hombro.
— Por primera vez en mucho tiempo, todo está bien —
Y en el jardín, las flores brillaron bajo la luz del atardecer, como si estuvieran de acuerdo.