Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 78

La sensación de completitud que Soojin había sentido en el jardín se extendió a los demás como una brisa suave. No era que todas las respuestas estuvieran encontradas, sino que el jardín (y Noche Eterna) parecía respirar con una paz que no había conocido antes.

Sin embargo, Soojin seguía sintiendo un pequeño vacío en el borde de su conciencia, un eco que no era una advertencia, sino un recordatorio de que algo aún quedaba por hacer. No era un nombre, ni una historia. Era un lugar al que aún no habían llegado.

Una noche, mientras escribía en el pergamino, Soojin notó que uno de los nombres brillaba con más intensidad que los demás. No era un nombre que hubiera añadido recientemente, sino uno de los primeros, uno de los que había encontrado en el primer cofre. Era el nombre de una guerrera que no había tenido parcela propia en el jardín.

— Yuna — leyó Soojin en voz baja.

— La primera guerrera olvidada. La que cayó en la batalla más antigua —

— ¿Qué pasa con ella? — preguntó Dohyun, que estaba a su lado.

— No lo sé. Pero su nombre brilla. Como si estuviera llamando la atención. Como si necesitara algo que no le hemos dado —

— ¿Qué podría necesitar? —

Soojin cerró los ojos y se concentró en el nombre. La runa en su nuca brilló suavemente, y sintió un eco, no de palabras, sino de intención. Yuna no necesitaba una planta, ni un lugar en el jardín. Necesitaba que su historia fuera contada, que alguien supiera quién era y por qué había caído.

— Su historia — dijo Soojin, abriendo los ojos.

— Nunca la escribimos. Solo su nombre. Pero ella quiere que sepamos lo que hizo, por qué luchó, a quién amó —

— Entonces escríbela — dijo Dohyun.

— Como hiciste con las otras —

Soojin tomó su pluma de runa y comenzó a escribir. No era una escritura normal, sino una que fluía como si las palabras fueran dictadas desde algún lugar más allá del tiempo. Escribió sobre Yuna, la guerrera que había protegido el velo en su infancia, que había amado a un guerrero que también cayó, que había dado su vida para que otros pudieran vivir.

Cuando terminó, el pergamino brilló con una luz cálida y dorada, y Soojin sintió que el eco de Yuna finalmente se calmaba.

— Descansa en paz — susurró Soojin.

— Tu historia está aquí, con nosotras —

Y en el jardín, una flor que aún no había florecido abrió sus pétalos, como un saludo silencioso.




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