La luz dorada que había brillado en el pergamino se extendió por la cámara del altar como un susurro de calor, y Soojin sintió que el nombre de Yuna ya no era solo una palabra en el pergamino, sino una historia viva que latía en sus manos.
— ¿Qué has escrito? — preguntó Dohyun, acercándose para leer sobre su hombro.
Soojin apartó el pergamino para que pudiera verlo. La tinta de runa había trazado una narración que no era solo una secuencia de hechos, sino un tapiz de emociones, de momentos, de una vida que había sido brillante y valiente.
— Yuna no era una guerrera común — comenzó Soojin, leyendo en voz alta.
— Era una de las primeras, una de las que protegió el velo antes de que la Hermandad existiera. Pero no luchaba por deber o por juramento. Luchaba por amor.
— ¿Amor? — preguntó Dohyun.
— Sí. Había conocido a un guerrero de otro clan, uno que no pertenecía a su mundo. Se llamaba Haneul. Era un guardián de las montañas del norte, y se encontraron cuando ella perseguía a una criatura que había cruzado una grieta. Él la ayudó a cerrarla, y juntos descubrieron que el velo era más fuerte cuando dos personas lo protegían en lugar de una —
Soojin hizo una pausa, sintiendo que la historia de Yuna se desplegaba en su mente como una película antigua.
— Pero no todo fue fácil — continuó.
— El clan de Yuna no aceptaba a los forasteros. La obligaron a elegir: Abandonar su juramento o abandonar a Haneul. Ella eligió a Haneul. Y juntos, se convirtieron en los primeros guardianes errantes, los que protegían las grietas desde las sombras, sin reconocimiento, sin apoyo —
— ¿Y qué pasó con Haneul? — preguntó Bora, que había entrado en la cámara sin hacer ruido y se había sentado en el suelo, escuchando —
— Haneul cayó en una batalla contra una criatura de la Oscuridad Primigenia — respondió Soojin, con la voz más baja.
— Yuna lo vio morir. Y en su dolor, abrió una grieta para perseguir a la criatura que lo había matado. Pero la grieta se cerró detrás de ella, y ella quedó atrapada entre los mundos. Su nombre se perdió. Su historia se borró. Hasta ahora —
El silencio en la cámara era denso y lleno de emoción.
— Es una historia triste — dijo Yeri, que había llegado con Jimin y también se había sentado a escuchar.
— Pero también es una historia de amor — dijo Soojin.
— Y de valentía. Y de elección. Yuna eligió amar, aunque supiera que podía perderlo todo. Y esa elección la hizo más fuerte —
— ¿Crees que ella está en paz ahora? — preguntó Hana, que estaba en la entrada con Namjoon.
— Sí — respondió Soojin.
— Porque ahora su historia está aquí, con nosotras. Y quien quiera recordarla podrá hacerlo —
Soojin cerró el pergamino con cuidado y lo sostuvo contra su pecho.
— Yuna no será olvidada — dijo.
— Y su amor tampoco —
En el jardín, una nueva flor se abrió bajo la luz de la luna. Era pequeña y blanca, y brillaba con una luz que no era del todo de este mundo. Las siete parejas la vieron, y supieron que era Yuna, celebrando desde dondequiera que estuviera.
— Su nombre vivirá — dijo Bora.
— Como todos los demás —
Y en la cámara del altar, el nombre de Yuna brilló con una luz que nunca se apagaría.