Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 80

El eco de la historia de Yuna se extendió por Noche Eterna como una ola silenciosa.

Los nombres en el pergamino ya no eran solo palabras, sino vidas que latían en la memoria de todos. Las siete parejas compartían las historias que habían descubierto, y cada relato tejía un lazo más profundo entre ellos y las guerreras olvidadas. El jardín se había convertido en un santuario de luz y memoria, y cada flor era un testimonio de que nada se pierde del todo cuando se recuerda con el corazón.

Soojin pasaba largas horas en el jardín, a veces leyendo el pergamino en voz alta, otras veces simplemente observando cómo las flores se mecían con la brisa. Había aprendido a escuchar los ecos, no solo en las runas, sino en el silencio mismo.

— Cada nombre tiene un latido — le dijo a Dohyun una tarde, mientras el sol se ponía tras el cerezo.

— Lo siento cuando escribo, cuando leo, cuando las flores se mecen. Es como si todas ellas estuvieran aquí, respirando con nosotras —

— ¿Y eso te da paz o te pesa? — preguntó él.

— Las dos cosas. Pero más paz que peso. Porque sé que no están solas. Y que nosotras tampoco lo estamos —

Esa noche, mientras las estrellas parpadeaban sobre el jardín, Soojin sintió un nuevo eco, uno que no había escuchado antes. No era un nombre, sino una sensación, como una pregunta que alguien hacía desde muy lejos.

— ¿Quién está ahí? — susurró, sin esperar respuesta.

Pero el eco respondió, no con palabras, sino con una imagen. Una imagen de una mujer de cabello corto y túnica gris, de pie en un campo de flores. No era una de las guerreras que ya había recordado. Era otra.

— Todavía hay más — susurró Soojin.

Y en el pergamino, un espacio en blanco brilló suavemente, esperando ser llenado.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.