La imagen de la mujer de cabello corto y túnica gris se quedó grabada en la mente de Soojin como una marca indeleble. No era una visión fugaz, sino una invitación. Un lugar al que debía ir.
— ¿Un campo de flores? — preguntó Bora al día siguiente, mientras todas se reunían en el jardín.
— ¿Sabes qué campo de flores podría ser? —
— No lo sé — respondió Soojin, con la frente fruncida.
— Pero no es un campo como los que conocemos. No hay árboles, ni montañas. Solo flores. Y un cielo que no es del todo real —
— Tal vez no está en este mundo — dijo Taehyung, que había estado escuchando en silencio.
— Tal vez es un lugar entre los mundos, como la cámara del crepúsculo. Un umbral —
— ¿Y cómo llegamos a él? — preguntó Yoongi.
— Siguiendo el rastro de un nombre — respondió Soojin.
— El nombre de la mujer que vi. No lo sé todavía, pero el campo de flores lo sabe. Y las runas también —
Esa noche, Soojin soñó de nuevo con el campo de flores.
Esta vez, la mujer de cabello corto estaba más cerca. Soojin podía ver los detalles de su rostro: Sus ojos oscuros y profundos, su sonrisa tranquila, y en su frente, una runa que brillaba con luz violeta. No era una runa de las que conocía. Era más antigua, más compleja, como un jeroglífico de otro tiempo.
— ¿Quién eres? — preguntó Soojin, sin miedo.
— Soy la que espera — respondió la mujer, y su voz era un susurro que venía de todas partes.
— La que cayó antes de que el velo existiera. La que no ha sido recordada. Pero tú puedes hacerlo —
— ¿Cómo? —
— Sigue el rastro de las raíces del cerezo. Donde se encuentran con el agua, encontrarás mi nombre —
La mujer se desvaneció, y Soojin despertó con el eco de sus palabras resonando en su mente.
— El rastro de las raíces del cerezo — dijo, en voz alta.
— ¿Qué? — preguntó Dohyun, que estaba despierto a su lado.
— El sueño. La mujer de cabello corto. Me dijo que siguiera el rastro de las raíces del cerezo. Donde se encuentran con el agua, encontraré su nombre —
— ¿El manantial donde encontramos el segundo cofre? —
— No — respondió Soojin.
— Más profundo. Donde el agua subterránea se encuentra con las raíces más antiguas —
Al día siguiente, el grupo se reunió en el jardín, alrededor del cerezo. Soojin explicó el sueño, y todos se quedaron en silencio, procesando lo que había dicho.
— ¿Cómo encontramos el lugar donde las raíces se encuentran con el agua subterránea? — preguntó Yuna.
— El cerezo nos guiará — dijo Soyeon, colocando sus manos sobre el tronco.
— Si todas nos concentramos, podemos seguir el rastro de sus raíces —
Las siete parejas formaron un círculo alrededor del cerezo, con las manos en el tronco o sobre la tierra. Las runas brillaron en sincronía, y por un momento, todos sintieron que se hundían en la tierra, siguiendo el camino de las raíces hacia lo profundo.
Y entonces, lo vieron. Un lugar bajo el jardín, donde el agua subterránea fluía en un pequeño manantial, y las raíces del cerezo se extendían hacia él como dedos que buscaban el agua. En el centro del manantial, una runa brillaba.
— Ahí — dijo Soojin, abriendo los ojos.
— Ahí está —
Cavaron con cuidado, siguiendo el rastro de las raíces, hasta que encontraron un pequeño cofre de piedra negra, similar a los otros. Pero este era diferente. En su superficie, una runa antigua brillaba con luz violeta.
— Es ella — dijo Soojin, tomando el cofre.
— Es su nombre —
Abrió el cofre. Y en su interior, no había una lista de nombres, sino uno solo. Un nombre, escrito en runas de luz, que brillaba como una estrella.
— Mirae — leyó Soojin, y el nombre resonó en el jardín.
— Su nombre es Mirae —
— Mirae — repitieron los demás, y el nombre se extendió como una ola de luz.
En el jardín, una nueva flor se abrió. Era una flor de un azul profundo, como el cielo en el crepúsculo, y brillaba con una luz que no era de este mundo.
— Bienvenida, Mirae — susurró Soojin.
— Ahora estás aquí, con nosotras —
Y en el jardín, todas las flores se mecieron con la brisa, como si estuvieran celebrando.