Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 84

La primavera avanzaba en Seúl como un río de luz y color.

El jardín de los recuerdos se había convertido en un espectáculo de vida y memoria. Las flores crecían con una vitalidad que parecía desafiar las leyes de la naturaleza, y el aire estaba lleno de aromas que se mezclaban en una sinfonía de fragancias. El cerezo se mecía con la brisa, y los pétalos caían como una lluvia de luz sobre las flores.

Pero ese día, algo diferente sucedió.

Soojin estaba sentada bajo el cerezo, con el pergamino de los nombres abierto sobre sus rodillas, cuando sintió que el aire se volvía más ligero. No era un cambio físico, sino una sensación de apertura, como si el jardín estuviera respirando más profundamente.

— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, que estaba a su lado.

— No lo sé — respondió Soojin.

— Pero algo está cambiando. Como si el jardín estuviera... despertando

Y entonces, las mariposas llegaron.

No eran mariposas comunes. Eran de un violeta brillante, casi transparente, como si estuvieran hechas de luz en lugar de materia. Volaban en un enjambre suave, elevándose desde las flores y girando en espirales alrededor del cerezo.

— Son hermosas — dijo Yeri, con el violín en las manos.

— No son mariposas — dijo Taehyung, con la runa en su frente brillando intensamente.

— Son ecos. Las guerreras olvidadas. Se están despidiendo —

— ¿Despidiendo? — preguntó Bora.

— ¿Se van? —

— No del todo. Pero están encontrando la paz. Están dejando atrás el peso de los siglos y volando hacia un lugar donde ya no necesitan ser recordadas —

Soojin sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. No era tristeza, sino una mezcla de gratitud y asombro.

— No las olvidaré — susurró, mientras las mariposas violetas se elevaban hacia el cielo.

Una de las mariposas se posó suavemente en el pergamino de Soojin, justo sobre el nombre de Mirae. Por un momento, brilló con una luz intensa, y luego se elevó para unirse al enjambre.

— Es Mirae — dijo Soojin, con la voz quebrada.

— Se está despidiendo —

— Y está agradecida — dijo Taehyung.

— Todas lo están —

Las mariposas giraron en espirales alrededor del cerezo, y luego se elevaron hacia el cielo, disolviéndose en la luz del atardecer.

El jardín quedó en silencio, pero no era un silencio vacío. Era un silencio lleno de presencia, de gratitud, de paz.

— Descansen en paz — susurró Soojin.

— Y gracias —

En el jardín, las flores brillaron con una luz más suave, y el cerezo se meció con la brisa, como si estuviera despidiéndose.




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