Las mariposas violetas se habían disipado en el horizonte, pero su presencia seguía flotando en el aire como una promesa cumplida.
El jardín de los recuerdos quedó sumido en un silencio que no era vacío, sino lleno de una paz nueva, como si las guerreras que habían volado hacia el cielo hubieran dejado atrás una parte de sí mismas, un eco que se quedaba para siempre entre las flores y las hojas del cerezo.
Soojin permaneció sentada bajo el árbol, con el pergamino de los nombres abierto sobre sus rodillas. Los nombres seguían ahí, brillando suavemente, pero su peso se había aligerado. Ya no eran cargas que sostener, sino estrellas que iluminaban el camino.
— ¿Estás bien? — preguntó Dohyun, sentándose a su lado.
— Sí — respondió Soojin, con una sonrisa.
— Más que bien. Es como si hubiera terminado algo que no sabía que había empezado —
— ¿El pergamino? —
— No. El duelo. Durante tanto tiempo, he estado cargando con el peso de estos nombres, sintiendo que si no los recordaba, se perderían para siempre. Pero ahora sé que no es así. Ellas están en paz. Y yo también puedo estarlo —
— ¿Y qué vas a hacer ahora? —
Soojin miró el jardín, las flores, el cerezo, los lirios de agua en el estanque. Todo estaba en su lugar, pero también todo era diferente.
— Seguir aquí — dijo.
— Cuidar el jardín. Escribir las historias que aún no he contado. Pero sin la presión de tener que salvar a nadie. Solo por el placer de recordar —
— Eso suena bien — dijo Dohyun.
— Sí — respondió Soojin, apoyando la cabeza en su hombro.
— Suena bien —
Los días pasaron, y el jardín siguió floreciendo. Las mariposas no volvieron, pero su presencia seguía latiendo en el aire, en el susurro de las hojas, en el brillo de las flores. Soojin escribía nuevas historias, no para salvar a nadie, sino para compartir la belleza de las vidas que habían sido vividas.
Una tarde, mientras el sol se ponía detrás del cerezo y los pétalos caían como una lluvia de luz, Soojin sintió que algo cambiaba en el aire. No era una presencia, sino una sensación de completitud.
— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, a su lado.
— Nada — respondió Soojin, con una sonrisa.
— Solo que todo está bien —
— ¿Estás segura? —
— Sí — Soojin cerró el pergamino y lo sostuvo contra su pecho.
— Por primera vez en mucho tiempo, todo está bien —
Y en el jardín, las flores brillaron bajo la luz del atardecer, como si estuvieran de acuerdo.