La canción de Yeri seguía vibrando en el aire, como un eco que no se desvanecía del todo. El jardín de los recuerdos se había llenado de una luz suave y dorada, y las flores parecían brillar con una intensidad mayor que antes. Era como si las guerreras que se habían ido hubieran dejado algo atrás: Una semilla de esperanza que comenzaba a germinar.
Soojin cerró el pergamino y lo sostuvo contra su pecho. Los nombres seguían ahí, pero ya no pesaban. Eran parte de ella, de su historia, de su corazón.
— ¿Qué haremos ahora? — preguntó Bora, rompiendo el silencio.
— Ahora — respondió Soojin, con una sonrisa.
— Seguimos adelante. Cuidamos el jardín. Recordamos a las que se han ido. Y vivimos—
— ¿Y qué hay de las guerreras que aún no hemos encontrado? — preguntó Hana.
— ¿Todavía hay más? —
Soojin miró el pergamino. En el borde, aún quedaba espacio.
— Sí — dijo.
— Todavía hay más. Pero no tenemos que buscarlas con prisa. Ellas nos encontrarán cuando sea el momento —
— Suena bien — dijo Namjoon.
— Vivir sin prisa. Recordar sin presión —
— Es lo que ellas nos enseñaron — dijo Soyeon.
— Que el recuerdo no es una carga, sino un regalo —
El grupo se quedó en silencio, sintiendo que las palabras de Soyeon se asentaban en sus corazones como semillas que comienzan a echar raíces.
Y entonces, Soojin sintió algo. No era un eco de una guerrera, sino algo más suave, más sutil. Como el roce de una pluma en el borde de su conciencia.
— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, notando su cambio de expresión.
— No lo sé — respondió Soojin.
— Pero siento que algo nuevo está empezando —
— ¿Algo bueno? —
— Sí. Algo bueno —
En el centro del jardín, justo donde el cerezo extendía sus raíces más profundas, una pequeña planta comenzó a brotar. No era como las otras flores. Era más pequeña, más frágil, pero brillaba con una luz propia, como una estrella que hubiera caído del cielo y hubiera decidido echar raíces.
— ¿Qué es? — preguntó Yeri, acercándose a la planta.
— No lo sé — respondió Taehyung, arrodillándose junto a ella.
— Pero no es de las guerreras olvidadas. Es algo nuevo. Algo que aún no tiene nombre —
— ¿Qué hacemos con ella? — preguntó Yuna.
— La cuidamos — dijo Soojin, con una sonrisa.
— Como cuidamos todo lo que crece en este jardín —
Y así lo hicieron.
Soojin y Dohyun cavaron un pequeño espacio alrededor de la planta y la regaron con agua del estanque. La planta brilló con un destello de luz, como si estuviera agradecida.
— Es una semilla de un nuevo comienzo — dijo Soojin, mientras cubría las raíces con tierra.
— Y la vamos a ver crecer —
El jardín de los recuerdos seguía expandiéndose, pero ahora también estaba dando paso a algo nuevo. Algo que aún no tenía nombre, pero que prometía florecer.
Y todos, guerreros y llamas gemelas, estaban ahí para verlo.