Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 87

La canción de Yeri seguía vibrando en el aire, como un eco que no se desvanecía del todo. El jardín de los recuerdos se había llenado de una luz suave y dorada, y las flores parecían brillar con una intensidad mayor que antes. Era como si las guerreras que se habían ido hubieran dejado algo atrás: Una semilla de esperanza que comenzaba a germinar.

Soojin cerró el pergamino y lo sostuvo contra su pecho. Los nombres seguían ahí, pero ya no pesaban. Eran parte de ella, de su historia, de su corazón.

— ¿Qué haremos ahora? — preguntó Bora, rompiendo el silencio.

— Ahora — respondió Soojin, con una sonrisa.

— Seguimos adelante. Cuidamos el jardín. Recordamos a las que se han ido. Y vivimos—

— ¿Y qué hay de las guerreras que aún no hemos encontrado? — preguntó Hana.

— ¿Todavía hay más? —

Soojin miró el pergamino. En el borde, aún quedaba espacio.

— Sí — dijo.

— Todavía hay más. Pero no tenemos que buscarlas con prisa. Ellas nos encontrarán cuando sea el momento —

— Suena bien — dijo Namjoon.

— Vivir sin prisa. Recordar sin presión —

— Es lo que ellas nos enseñaron — dijo Soyeon.

— Que el recuerdo no es una carga, sino un regalo —

El grupo se quedó en silencio, sintiendo que las palabras de Soyeon se asentaban en sus corazones como semillas que comienzan a echar raíces.

Y entonces, Soojin sintió algo. No era un eco de una guerrera, sino algo más suave, más sutil. Como el roce de una pluma en el borde de su conciencia.

— ¿Qué pasa? — preguntó Dohyun, notando su cambio de expresión.

— No lo sé — respondió Soojin.

— Pero siento que algo nuevo está empezando —

— ¿Algo bueno? —

— Sí. Algo bueno —

En el centro del jardín, justo donde el cerezo extendía sus raíces más profundas, una pequeña planta comenzó a brotar. No era como las otras flores. Era más pequeña, más frágil, pero brillaba con una luz propia, como una estrella que hubiera caído del cielo y hubiera decidido echar raíces.

— ¿Qué es? — preguntó Yeri, acercándose a la planta.

— No lo sé — respondió Taehyung, arrodillándose junto a ella.

— Pero no es de las guerreras olvidadas. Es algo nuevo. Algo que aún no tiene nombre —

— ¿Qué hacemos con ella? — preguntó Yuna.

— La cuidamos — dijo Soojin, con una sonrisa.

— Como cuidamos todo lo que crece en este jardín —

Y así lo hicieron.

Soojin y Dohyun cavaron un pequeño espacio alrededor de la planta y la regaron con agua del estanque. La planta brilló con un destello de luz, como si estuviera agradecida.

— Es una semilla de un nuevo comienzo — dijo Soojin, mientras cubría las raíces con tierra.

— Y la vamos a ver crecer —

El jardín de los recuerdos seguía expandiéndose, pero ahora también estaba dando paso a algo nuevo. Algo que aún no tenía nombre, pero que prometía florecer.

Y todos, guerreros y llamas gemelas, estaban ahí para verlo.




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