Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 88

La pequeña planta que había brotado en el centro del jardín crecía con una rapidez que desafiaba toda lógica.

Cada mañana, cuando los primeros rayos del sol se filtraban a través de las ramas del cerezo, Soojin se arrodillaba junto a ella y la observaba. No era alta, apenas unos centímetros sobre la tierra, pero sus hojas eran de un verde tan intenso que parecían brillar con luz propia, y en el centro de cada hoja, una diminuta runa violeta parpadeaba como una estrella.

— ¿Crees que es una guerrera? — preguntó Yeri una mañana, mientras todas se reunían alrededor de la planta.

— No — respondió Taehyung, arrodillándose para examinarla.

— Es diferente. Las runas de las guerreras olvidadas son ecos del pasado. Estas runas son... futuras. Como si estuvieran esperando algo —

— ¿Esperando qué? — preguntó Hana.

— Un nombre — dijo Soojin.

— Como todas las cosas que crecen en este jardín. Necesita un nombre para ser completa —

— Pero no sabemos quién es — dijo Bora.

— Ni de dónde viene —

— Tal vez no sea quién — sugirió Yoongi.

— Tal vez sea qué —

El silencio que siguió a sus palabras fue denso, pero no incómodo.

— Tienes razón — dijo Soojin.

— Tal vez no sea una guerrera. Tal vez sea una idea. Una promesa. Un nuevo comienzo —

— Entonces, ¿cómo la llamamos? — preguntó Yuna.

Soojin miró la planta, sus hojas brillantes, las pequeñas runas que parpadeaban como estrellas en miniatura. Y entonces, el nombre surgió en su mente, claro y suave, como una respuesta a una pregunta que no sabía que había hecho.

— Naeil — dijo.

— La llamaremos Naeil —

— ¿Naeil? — repitió Chaeyoung.

— ¿Mañana? —

— Sí — respondió Soojin.

— Porque representa el futuro. Lo que aún está por venir. Lo que crece mientras cuidamos el presente —

La planta brilló con un destello de luz violeta, como si estuviera de acuerdo.

— Naeil — susurró Soyeon, tocando una de sus hojas con la punta de los dedos.

— Es un buen nombre para algo que empieza —

— Y ahora — dijo Bora.

— La cuidamos. Como cuidamos todo lo que crece en este jardín —

Los días pasaron, y Naeil siguió creciendo. No se convirtió en una flor, ni en un árbol, sino en algo intermedio: un arbusto de hojas plateadas y runas violetas, que brillaba bajo la luz del sol y se mecía con la brisa como si estuviera escuchando.

Las siete parejas se reunían a su alrededor cada tarde, compartiendo historias y silencios. Naeil no era una guerrera olvidada, pero era parte del jardín, parte de su historia, parte de su futuro.

— Naeil — dijo Soojin una tarde, mientras el sol se ponía y los pétalos del cerezo caían sobre la planta.

— Eres el comienzo de algo nuevo. Y estamos aquí para verlo crecer —

Y en el jardín, Naeil brilló con una luz suave y constante, como una promesa que se cumplía lentamente.




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