La pequeña planta que había brotado en el centro del jardín crecía con una rapidez que desafiaba toda lógica.
Cada mañana, cuando los primeros rayos del sol se filtraban a través de las ramas del cerezo, Soojin se arrodillaba junto a ella y la observaba. No era alta, apenas unos centímetros sobre la tierra, pero sus hojas eran de un verde tan intenso que parecían brillar con luz propia, y en el centro de cada hoja, una diminuta runa violeta parpadeaba como una estrella.
— ¿Crees que es una guerrera? — preguntó Yeri una mañana, mientras todas se reunían alrededor de la planta.
— No — respondió Taehyung, arrodillándose para examinarla.
— Es diferente. Las runas de las guerreras olvidadas son ecos del pasado. Estas runas son... futuras. Como si estuvieran esperando algo —
— ¿Esperando qué? — preguntó Hana.
— Un nombre — dijo Soojin.
— Como todas las cosas que crecen en este jardín. Necesita un nombre para ser completa —
— Pero no sabemos quién es — dijo Bora.
— Ni de dónde viene —
— Tal vez no sea quién — sugirió Yoongi.
— Tal vez sea qué —
El silencio que siguió a sus palabras fue denso, pero no incómodo.
— Tienes razón — dijo Soojin.
— Tal vez no sea una guerrera. Tal vez sea una idea. Una promesa. Un nuevo comienzo —
— Entonces, ¿cómo la llamamos? — preguntó Yuna.
Soojin miró la planta, sus hojas brillantes, las pequeñas runas que parpadeaban como estrellas en miniatura. Y entonces, el nombre surgió en su mente, claro y suave, como una respuesta a una pregunta que no sabía que había hecho.
— Naeil — dijo.
— La llamaremos Naeil —
— ¿Naeil? — repitió Chaeyoung.
— ¿Mañana? —
— Sí — respondió Soojin.
— Porque representa el futuro. Lo que aún está por venir. Lo que crece mientras cuidamos el presente —
La planta brilló con un destello de luz violeta, como si estuviera de acuerdo.
— Naeil — susurró Soyeon, tocando una de sus hojas con la punta de los dedos.
— Es un buen nombre para algo que empieza —
— Y ahora — dijo Bora.
— La cuidamos. Como cuidamos todo lo que crece en este jardín —
Los días pasaron, y Naeil siguió creciendo. No se convirtió en una flor, ni en un árbol, sino en algo intermedio: un arbusto de hojas plateadas y runas violetas, que brillaba bajo la luz del sol y se mecía con la brisa como si estuviera escuchando.
Las siete parejas se reunían a su alrededor cada tarde, compartiendo historias y silencios. Naeil no era una guerrera olvidada, pero era parte del jardín, parte de su historia, parte de su futuro.
— Naeil — dijo Soojin una tarde, mientras el sol se ponía y los pétalos del cerezo caían sobre la planta.
— Eres el comienzo de algo nuevo. Y estamos aquí para verlo crecer —
Y en el jardín, Naeil brilló con una luz suave y constante, como una promesa que se cumplía lentamente.