Ecos De Sangre Y Sombra

CAPITULO 89

Naeil siguió creciendo, y con cada nuevo brote, el jardín parecía cobrar una vida nueva.

Sus hojas plateadas se mecían con la más ligera brisa, y las pequeñas runas violetas que llevaban grabadas brillaban con una intensidad que aumentaba al atardecer. No era una planta común. Era algo más, algo que todos sentían pero que nadie podía explicar del todo.

— Cada vez que me acerco a Naeil, siento algo — dijo Bora una tarde, mientras las siete parejas se reunían alrededor del arbusto.

— No son palabras, pero es como si me estuviera contando una historia —

— ¿Una historia sobre qué? — preguntó Hana.

— Sobre el futuro — respondió Bora.

— Sobre lo que está por venir. No sé cómo explicarlo —

— Tal vez Naeil sea un eco — dijo Taehyung.

— Como las guerreras olvidadas, pero en dirección contraria. No un recuerdo del pasado, sino un presagio del futuro —

— ¿Un presagio? — preguntó Yeri.

— ¿De qué? —

— De que la Hermandad no termina con nosotras — respondió Soyeon.

— De que siempre habrá alguien que cuide el velo. Alguien que recuerde —

Soojin extendió una mano y tocó una de las hojas de Naeil. La hoja brilló bajo su tacto, y por un momento, sintió que una imagen se formaba en su mente: Un jardín aún más grande, más lleno de flores y de luz, y en el centro, un cerezo que era igual al de su jardín, pero más antiguo, más sabio.

— Está conectado con algo más — dijo Soojin, retirando la mano.

— Naeil no está solo aquí. Está enraizado en algún otro lugar, en algún otro tiempo —

— ¿Dónde? — preguntó Namjoon.

— No lo sé. Pero tal vez no tengamos que saberlo. Tal vez solo tengamos que confiar en que Naeil está aquí por una razón —

— Y cuidarlo — dijo Dohyun.

— Como cuidamos todo lo que crece en este jardín —

Los días pasaron, y Naeil siguió creciendo. Sus hojas plateadas se volvieron más grandes, y las runas violetas más brillantes. A veces, cuando el viento soplaba con fuerza, las hojas emitían un susurro que no era del todo humano, pero que todos reconocían como un eco de algo antiguo y nuevo al mismo tiempo.

Y una noche, mientras la luna llena iluminaba el jardín, Soojin soñó con Naeil. No era un sueño de palabras, sino de imágenes: un jardín infinito, lleno de flores y de luz, donde los nombres de las guerreras olvidadas flotaban en el aire como estrellas. Y en el centro, Naeil se alzaba alto y fuerte, con sus hojas plateadas brillando como un faro en la oscuridad.

— Naeil — susurró en el sueño.

— Eres más que una planta. Eres un puente —

— Sí — respondió una voz que no era la suya, pero que reconocía como la del jardín mismo.

— Soy un puente entre el pasado y el futuro. Y mientras haya alguien que me cuide, seguiré creciendo —

Soojin despertó con la sensación de que el jardín estaba más vivo que nunca. Y en el centro, Naeil brillaba bajo la luz de la luna, como una promesa que se cumplía lentamente.




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