El sueño de Soojin sobre Naeil quedó grabado en su memoria como una marca indeleble.
No era solo una imagen, sino una certeza: Naeil era más que una planta. Era un puente, un vínculo entre lo que había sido y lo que aún estaba por venir. Y si ella era un puente, entonces el jardín de los recuerdos no era solo un lugar de memoria, sino también de posibilidad.
A la mañana siguiente, Soojin compartió su sueño con los demás, mientras se reunían alrededor de Naeil. Sus hojas plateadas brillaban bajo la luz del sol, y las runas violetas parpadeaban con un ritmo suave, como un corazón que late lentamente.
— ¿Un puente? — repitió Namjoon.
— ¿Entre qué y qué? —
— Entre el pasado y el futuro — respondió Soojin.
— Entre las guerreras olvidadas y las que vendrán. Entre nosotras y lo que está más allá —
— ¿Y cómo sabemos que es verdad? — preguntó Jungkook.
Soojin extendió una mano y tocó una de las hojas de Naeil. La hoja brilló bajo su tacto, y por un momento, una imagen se formó en la mente de todos los presentes: Un jardín vasto y luminoso, más grande que cualquier cosa que hubieran visto, con flores de colores que no existían en el mundo humano y árboles cuyas hojas brillaban como estrellas.
— Eso es lo que Naeil nos muestra — dijo Soojin, retirando la mano.
— El futuro. Lo que puede ser si seguimos cuidando este lugar —
— Entonces tenemos que protegerlo — dijo Bora.
— A Naeil. Al jardín. A todo lo que hemos construido aquí —
— No solo protegerlo — dijo Yoongi, con su voz grave y firme.
— También compartirlo. Para que otros sepan que este lugar existe. Para que las guerreras olvidadas no sean las únicas en ser recordadas —
— ¿Compartirlo con quién? — preguntó Hana.
— Con quienes vengan después — respondió Soyeon.
— Con los que aún no han llegado —
El grupo se quedó en silencio, sintiendo que las palabras de Soyeon se asentaban en sus corazones como una semilla que comienza a germinar.
Y entonces, Naeil brilló con un destello de luz violeta, y todos sintieron que el jardín no era solo suyo. Era de todos los que habían llegado y de todos los que estaban por venir.
— Naeil — susurró Soojin.
— Eres un puente. Y mientras estés aquí, nosotros también lo seremos —
El jardín se meció con la brisa, como si estuviera de acuerdo.