Ecos De Silencio

CAPITULO 1

Tres meses antes

Hoy estaba muy feliz.

Hace unas semanas había entregado mi currículum y me hicieron una entrevista en una empresa donde buscaban una secretaria.

Esta mañana me llamaron para decirme que había sido aceptada. Eso significaba que el lunes empezaría a trabajar. Según me informaron, debía presentarme a las ocho de la mañana.

Mis amigas y yo decidimos salir a bailar para celebrar mi nuevo empleo. Stella y Olivia insistieron en que fuéramos a un club nuevo que acababan de inaugurar en la ciudad.

Ellas han sido mis mejores amigas desde que llegué a Estados Unidos. Nos conocimos en la universidad. Stella es italiana y Olivia sí es estadounidense. Con el tiempo se convirtieron en mi familia en este país. Actualmente vivo con Olivia, mientras que Stella tiene su propio apartamento, pero siempre hemos estado ahí la una para la otra.

—¡Aurora! ¿Qué te vas a poner? —escuché gritar a Olivia desde su habitación.

—Aún no lo sé —respondí mientras salía del baño con una toalla secándome el cabello—. Apenas terminé de ducharme.

Escuché sus pasos acercarse hasta mi habitación.

—Quiero que te pruebes algo. Ven.

La seguí hasta su cuarto. Apenas entré, vi que sostenía una elegante caja azul.

—¿Qué es esto? —pregunté con curiosidad.

—Un pequeño regalo por tu nuevo trabajo.

Abrí la caja lentamente y encontré un vestido verde esmeralda realmente hermoso. Tenía un escote en V y la espalda completamente descubierta. El color hacía resaltar mi piel trigueña y mis ojos color avellana.

Levanté la vista hacia Olivia, que esperaba mi reacción con una enorme sonrisa.

—¿Es para mí?

—¡Obvio, tontita! —rió—. Lo vi en la tienda y supe inmediatamente que era para ti.

No pude evitar abrazarla.

—Gracias.

—De nada. Ahora apúrate. Dentro de poco llegará Stella y tú sabes cómo se pone cuando alguien la hace esperar.

Solté una pequeña risa.

—Está bien, entonces manos a la obra.

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Un rato después ya estaba lista. Me encontraba en la sala acomodando los últimos mechones de mi cabello frente al espejo cuando escuché que llamaban a la puerta con insistencia.

—¡Ya voy!

Abrí la puerta y, como esperaba, era Stella.

—¡Hola, guapa! —dijo con una enorme sonrisa antes de abrazarme—. Felicidades por tu nuevo empleo.

—Gracias.

Entró al departamento como si fuera su casa.

—Ahora... ¿dónde está esa rubia?

Alzó la voz.

—¡Rubia! ¿Por qué te demoras tanto? ¡Llegaremos tarde!

—Ni que tuviéramos hora de entrada —respondió Olivia desde su habitación.

—¡Claro que sí! ¿No ves que la noche es corta? —contestó Stella con dramatismo.

No pude evitar reír.

—Bueno, ¿adónde vamos exactamente?

—Tu maravillosa amiga consiguió pases VIP para el nuevo club del que todos hablan —respondió Stella emocionada—. Dicen que es espectacular.

—Espero que cumpla las expectativas —dijo Olivia saliendo por fin de la habitación—. Vámonos. Quiero disfrutar esta noche al máximo.

Salimos del apartamento y tomamos un taxi.

Durante el trayecto hablamos, reímos y recordamos anécdotas de la universidad. El camino pasó tan rápido que, antes de darme cuenta, ya estábamos bajando frente al enorme edificio del club.

La música se escuchaba incluso desde la calle.

Una larga fila esperaba para entrar, pero gracias a los pases VIP pasamos directamente hasta la entrada principal.

—Vamos —dijo Stella, prácticamente arrastrándonos.

El guardia revisó los pases y nos permitió entrar sin ningún problema.

Nada más cruzar la puerta, una camarera nos recibió con una bandeja llena de máscaras y antifaces.

Stella nos explicó que era la temática del lugar: todos los clientes debían usar uno para conservar el misterio.

Elegí un antifaz verde que combinaba perfectamente con mi vestido. Olivia y Stella también escogieron los suyos.

Después, la camarera nos condujo hasta el segundo piso, donde estaba ubicada la zona VIP.

—¿Qué desean ordenar? —preguntó amablemente.

Mis amigas hicieron sus pedidos.

Yo opté por una copa de vino blanco dulce, mi favorito.

—¿Qué les parece el lugar? —preguntó Stella mientras observaba la decoración.

—Es precioso —respondió Olivia—. Aunque sigo sin entender lo de los antifaces.

—Supongo que ese es parte del encanto —comenté sonriendo mientras me acercaba al balcón para contemplar la pista de baile.

Al poco rato, Olivia se acercó.

—Stella y yo iremos a bailar. ¿Vienes?

Negué con la cabeza.

—En un momento. Quiero disfrutar un poco la vista.

Ella asintió y ambas desaparecieron entre la multitud.

Me quedé unos minutos observando el ambiente. Las luces, la música y las personas bailando hacían que el lugar tuviera una energía increíble.

Finalmente decidí bajar con ellas.

La verdad era que nos estábamos divirtiendo muchísimo.

De pronto, la música se detuvo.

El DJ bajó el volumen y el animador tomó el micrófono.

—¡Vamos a ponerle más emoción a esta fiesta! Escogeré tres grupos de amigos. Una persona de cada grupo subirá al escenario para bailar una canción. El que reciba más aplausos del público ganará... ¡barra libre toda la noche!

Los gritos llenaron el lugar.

El hombre señaló primero a un grupo de chicos, luego a unas chicas...

Y finalmente nos apuntó a nosotras.

—¡Ustedes tres! No sean tímidas. ¡Suban al escenario!

No...

No, por favor.

—¡Vamos! —exclamó Stella completamente emocionada.

—Me da muchísima pena...

—Ay, Aurora —dijo Olivia—. Vinimos a divertirnos. Además, nadie sabrá quiénes somos. Para eso están los antifaces.

Lo pensé durante unos segundos.

Tenían razón.

Respiré hondo y acepté.

Subimos al escenario mientras el animador explicaba las reglas.




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