Ecos De Silencio

CAPITULO 3

POV Aurora

El fin de semana se pasó demasiado rápido.

Lo había dedicado a ver películas con mis amigas, adelantar tareas de la universidad e ir a comprar el nuevo libro de una saga que llevaba meses esperando.

Ahora me encontraba frente al edificio de la empresa donde empezaría a trabajar.

La persona que me había entrevistado me llamó el domingo para decirme que debía presentarme a las ocho de la mañana. Solo tenía que preguntar por él en recepción y allí me indicarían cuándo podía subir para firmar el contrato.

Acepté sin ningún inconveniente.

—Buenos días, señorita —me saludó el portero con una amable sonrisa.

—Buenos días.

Le respondí con la misma cordialidad.

Desde pequeña, mi mamá siempre me enseñó que la educación nunca estaba de más.

"La decencia no pelea con nadie."

Era una de esas frases que jamás se olvidan.

Sonreí al recordarla.

La verdad, ya extrañaba mucho a mi familia.

Hacía tiempo que no veía a mis padres ni a mis hermanos y había decidido viajar a Colombia durante Navidad para pasar las fiestas con ellos.

Extrañaba demasiado mi país.

Entré al edificio y me dirigí a recepción.

Le expliqué a la recepcionista quién era y que había ido a firmar mi contrato.

La joven me observó de arriba abajo con una expresión poco amable.

Decidí ignorarlo.

Después de todo, solo me indicó que esperara unos minutos hasta que autorizaran mi ingreso.

Como sabía que tardarían un poco, saqué el libro que acababa de comprar y me senté a leer.

Llevaba apenas unos minutos concentrada en la historia cuando mi celular vibró.

Suspiré.

"¿Por qué siempre llaman justo cuando encuentro un momento para leer?"

Miré la pantalla.

Era Susan.

—Hola.

—¡Hola, Eli! —respondió alegremente al otro lado de la línea—. La reunión quedó para el sábado. Linda está un poco estresada por el lanzamiento.

Sonreí.

Eso era completamente normal.

—Dile que se tranquilice. Todavía falta bastante tiempo y, además, aún debo promocionarlo en mis redes sociales.

—Eso mismo le he dicho, pero ya conoces a Linda. Es demasiado perfeccionista.

Reí por lo bajo.

—Tranquila, yo la controlaré.

—Perfecto. Igual les enviaré algo de comida para el almuerzo.

—A eso jamás podría negarme —respondió riendo—. Esperaré esa comida con ansias.

—Nos vemos el sábado.

—Hasta entonces.

Colgué la llamada imaginando a Linda organizándolo todo hasta el mínimo detalle, mientras Susan intentaba convencerla de relajarse.

Solo de pensarlo me dio risa.

Volví a abrir mi libro.

Leer siempre había sido uno de mis pasatiempos favoritos.

Desde muy pequeña me refugiaba entre las páginas de cualquier historia que cayera en mis manos.

Aunque, siendo sincera...

Era un hobby bastante costoso.

Mientras avanzaba en la lectura, noté que varias personas dirigían discretamente la mirada hacia la entrada del edificio.

La curiosidad pudo más que yo.

Levanté la vista.

Un hombre acababa de entrar.

Caminaba con una seguridad imponente, como si el edificio entero le perteneciera.

Su sola presencia imponía respeto.

O quizá...

Temor.

Preferí volver a mi libro.

No era asunto mío.

Sin embargo, unos segundos después sentí que alguien me observaba.

Levanté apenas la mirada por encima de las páginas.

Era el mismo hombre.

Pasó a pocos metros de mí.

Durante un breve instante nuestras miradas se encontraron.

Sentí una extraña sensación de familiaridad.

Como si ya lo hubiera visto antes.

Pero apenas tuve tiempo de pensarlo.

Él siguió caminando y desapareció tras las puertas del ascensor.

Sacudí la cabeza.

Seguramente era solo mi imaginación.

Unos minutos después, la recepcionista me indicó que ya podía subir.

Respiré hondo antes de tocar la puerta de la oficina.

—Adelante.

Una voz grave respondió desde el interior.

Entré lentamente.

Lo primero que vi fue a un hombre de espaldas, observando la ciudad a través del enorme ventanal.

—Buenos días.

No obtuve respuesta inmediata.

"Le falta un poco de educación...", pensé.

Sin girarse, habló.

—Pase y tome asiento.

Obedecí.

—Mi nombre es Massimiliano De Luca. A partir de hoy usted será mi asistente. Solo debe leer y firmar el contrato que tiene frente a usted.

Entonces se dio la vuelta.

Y el aire abandonó mis pulmones.

Era él.

El hombre del club.

El desconocido con el que había chocado aquella noche.

El de los intensos ojos azules.

Ahora entendía por qué me había resultado familiar.

Durante unos segundos nuestras miradas permanecieron conectadas.

Era incluso más atractivo bajo la luz del día.

Alto.

Elegante.

Con rasgos tan perfectos que parecía esculpido por los mismos dioses.

No podía negarlo.

Era un hombre increíblemente guapo.

Recordé aquella noche en el club.

La sonrisa que le había dedicado.

La breve conversación que nunca terminó porque Olivia me llamó.

Y cómo, por un instante, había deseado volver a encontrarlo.

Quién iba a imaginar que terminaría siendo mi jefe.

Sacudí esos pensamientos de mi cabeza.

No tenía sentido seguir pensando en ello.

Volví mi atención al contrato.

Lo leí con calma.

Con el tiempo había aprendido que nunca debía firmar un documento sin revisarlo primero.

Mientras avanzaba por las cláusulas, podía sentir la mirada de Massimiliano sobre mí.

Finalmente tomé el bolígrafo y firmé.

El contrato tendría una duración inicial de seis meses, con posibilidad de renovarse dependiendo de mi desempeño.

Dejé el documento sobre el escritorio.

—Señor De Luca —dije con un tono profesional—. Es un gusto comenzar a trabajar con usted.




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