POV Aurora
Ya habían pasado alrededor de dos semanas desde que empecé a trabajar en la empresa de Massimiliano De Luca.
Con el tiempo había creado una rutina bastante sencilla.
Entraba a las ocho de la mañana y terminaba mi jornada a las cuatro de la tarde. Además, tenía una hora de almuerzo que aprovechaba para adelantar algunos asuntos personales y atender responsabilidades fuera del trabajo.
Al señor De Luca siempre lo llamaba de esa manera.
Me parecía la forma más adecuada de mantener una relación estrictamente profesional.
Hasta donde sabía, él no se había dado cuenta de que yo era la chica con la que había hablado aquella noche en el club.
Y, sinceramente...
Era mucho mejor así.
Sería demasiado extraño decirle algo como:
"Hola, soy la chica del bar con la que intentaste hablar... y también tu secretaria."
Solo de imaginarlo me daba vergüenza.
Miré el reloj.
Las doce en punto.
Hora de almorzar.
Ese día decidí comer únicamente la lonchera que había preparado en casa.
Llevaba un sándwich, fruta y un yogur.
Saqué el libro que estaba leyendo y, mientras comía algunos trozos de fruta, me sumergí nuevamente entre sus páginas.
Leer era mi momento favorito del descanso.
De reojo vi cómo el señor De Luca salía de su oficina.
Al parecer también iba a almorzar.
Al pasar frente a mi escritorio se detuvo apenas un instante.
—Señorita Valencia.
Levanté la vista del libro.
—Señor De Luca.
Le respondí con una pequeña sonrisa.
Él sostuvo mi mirada durante unos segundos antes de hacer un leve asentimiento con la cabeza y continuar su camino.
Volví inmediatamente a mi lectura.
Después del trabajo debía pasar donde Linda y Susan para hacer algunos ajustes de nuestro proyecto, así que necesitaba aprovechar al máximo mi hora libre.
Cuando terminó el descanso, regresé a mis labores habituales.
Estaba organizando algunos documentos y revisando la agenda de reuniones cuando vi entrar a Dimitri.
Sonreí al reconocerlo.
Dimitri era el jefe de Olivia y también uno de sus mejores amigos.
Lo conocía desde hacía algunos años.
Siempre había sido un hombre amable, respetuoso y muy divertido. Además, su novia era igual de agradable que él.
Por eso me sorprendió verlo allí.
Se acercó hasta mi escritorio.
—Hola, Aurora.
Me sonrió.
—Me sorprende verte trabajando aquí.
—Hola, Dimitri.
Le devolví la sonrisa.
—Empecé hace un par de semanas.
Lo observé con curiosidad.
—¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?
Él soltó una pequeña risa.
—Vine a ver al italiano. Tenemos algunos asuntos de negocios.
Luego su expresión cambió.
—¿Cómo está Olivia?
Suspiré.
—Mucho mejor. La fiebre bajó anoche y hoy está descansando en casa.
Él asintió con alivio.
—Qué bueno. Espero que pronto vuelva al trabajo.
Antes de que pudiera responder, escuché a alguien aclararse la garganta detrás de Dimitri.
Levanté la vista.
Era el señor De Luca.
Nos observaba desde la puerta de su oficina.
Su expresión era completamente seria, como de costumbre.
Sin embargo...
Había algo diferente en su mirada.
Sus ojos se posaron sobre mí durante un breve instante.
Sentí aquella intensidad que siempre parecía acompañarlo.
Resultaba un poco incómodo.
Aun así, sostuve su mirada.
Nunca me había gustado bajar la vista frente a nadie.
Finalmente dirigió su atención hacia Dimitri.
—Dimitri.
Su voz sonó firme.
—Te estoy esperando.
Había un ligero tono de impaciencia... y algo más que no supe identificar.
Dimitri sonrió con tranquilidad.
—Ya voy, italiano.
Se giró un momento hacia mí.
—Solo estaba saludando a una amiga.
Por el rabillo del ojo vi cómo la mandíbula de Massimiliano se tensaba.
Su rostro seguía siendo completamente neutral.
Pero ese pequeño gesto no pasó desapercibido para mí.
—Nos vemos, Aurora.
—Hasta luego.
Dimitri siguió a Massimiliano hasta la oficina.
Antes de entrar, le vi dedicarle una sonrisa divertida.
No entendía qué le causaba tanta gracia.
Aunque, siendo Dimitri...
Probablemente solo estaba molestándolo por diversión.
Las siguientes horas transcurrieron entre llamadas, reuniones y documentos.
Mientras organizaba la agenda del día siguiente, noté que Dimitri seguía reunido con Massimiliano.
Miré el reloj.
Faltaba poco para terminar mi jornada.
Me estiré ligeramente sobre la silla y aproveché para revisar el celular.
Tenía un mensaje de Susan.
"No olvides traer comida."
No pude evitar sonreír.
Le respondí enseguida.
"¿Cómo podría olvidarlo?"
Cuando conocí a Susan, lo que más me sorprendió fue la enorme cantidad de comida que podía consumir sin que eso afectara en lo más mínimo su figura.
En cambio, Linda era completamente diferente.
Era tan perfeccionista que planeaba absolutamente todo.
Las tres nos complementábamos muy bien.
Más que socias...
Éramos amigas.
Y trabajar con ellas siempre era divertido.
Levanté la vista justo cuando la puerta de la oficina volvió a abrirse.
Dimitri salió primero.
Miré nuevamente el reloj.
Las cuatro de la tarde.
Hora de irme.
Apagué mi portátil y comencé a guardar mis cosas.
Dimitri se acercó con una sonrisa.
—¿Vas hacia donde Linda?
Asentí.
—Sí.
—Si quieres, puedo llevarte.
Acepté sin pensarlo demasiado.
—Me harías un gran favor. Gracias.
Mientras terminaba de guardar mis pertenencias, volví a sentir aquella intensa mirada sobre mí.
Levanté apenas la cabeza.
Massimiliano permanecía apoyado en el marco de la puerta de su oficina.