Ecos de un Corazón en Silencio

PRÓLOGO

El día que perdió a su mamá, Amara no gritó.
No lloró.
No preguntó por qué.
Solo se quedó en silencio.
Un silencio tan profundo que ni siquiera ella misma podía escucharse.
Todo pasó demasiado rápido. Un accidente. Una llamada. Un “lo siento”. Y luego… nada.
Días después, estaba frente a un hombre que apenas conocía. Su padre.
—A partir de ahora vivirás conmigo —dijo él, sin mirarla demasiado. Sin abrazos. Sin consuelo. Sin Dios.
Amara apretó sus manos con fuerza. Quería correr. Quería volver. Quería despertar.
Pero no podía. Porque ya no había a dónde volver.
Esa noche, acostada en una habitación que no sentía suya, miró el techo con los ojos llenos de lágrimas que finalmente habían decidido salir.
—E.S… —susurró.
Silencio.
Cerró los ojos.
—Por favor… no te vayas tú también.
Entonces… paz.
No una voz fuerte. No algo visible. Solo esa presencia. Esa que siempre había estado ahí.
“No estás sola.”
Amara respiró temblorosamente.
Tal vez todo en su vida había cambiado.
Tal vez estaba rodeada de personas que no creían.
Tal vez el dolor era más grande de lo que podía entender.
Pero había algo que seguía intacto.
Su fe.
Y aunque el mundo que estaba a punto de enfrentar no tuviera lugar para Dios…
Dios aún tenía lugar para ella.
Y en ese silencio roto, una amistad más profunda que cualquier otra comenzaba a susurrar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.