Pensamos que el tiempo es una barrera capaz de borrar los recuerdos lentamente, hasta convertirlos en ecos tan lejanos que apenas parecen haber existido.
Perdemos amores, guerras, trabajos, ciudades enteras… y después de treinta o cuarenta años, incluso las tragedias terminan viéndose pequeñas frente a todo lo vivido.
Pero algunas memorias sobreviven.
Algunas personas permanecen dentro de nosotros incluso cuando el mundo insiste en seguir avanzando.
San Vereno llevaba años intentando olvidar la guerra contra Karovia. Las calles habían cambiado, las voces eran distintas y los nombres de los muertos descansaban sobre monumentos cubiertos de lluvia y óxido.
Aun así, había heridas que seguían respirando debajo de la ciudad.
Lorenzo y Reinaldo lucharon muchas guerras.
Algunas ocurrieron entre armas, banderas y fronteras.
Otras sucedieron en silencio, detrás de puertas cerradas, miradas rápidas y canciones que nunca pudieron dedicarse en voz alta.
Defendieron causas. Sobrevivieron al miedo. Aprendieron a existir en un mundo que constantemente intentaba borrarlos.
Y aun así, después de tantos años, después de tantas pérdidas y victorias… todo terminó reduciéndose a una única verdad devastadora:
¿De qué sirve ganar tantas batallas si la persona que amas no está contigo para celebrarlas?
Esta no es una historia sobre la guerra entre San Vereno y Karovia.
Es la historia de dos hombres que intentaron amarse mientras el mundo aprendía a odiar.
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Editado: 27.05.2026