Ecos de un cuarto a oscuras

SOBREOLVIDAR

Cada noche es tan pesada como siempre.
Es tan tonto pensar en cómo te sientes, si ni siquiera tienes en mente un sitio donde esperar.
Cada noche me recuerdo a mí mismo quién soy.
Y cada día olvidé la plática del día anterior.

Anterior a eso, me quejo por no ser mejor,
mejor que el resto o simplemente no ser yo.
Me pierdo en máscaras tontas y vacías,
en retóricas y palabras que no están escritas,
en mil ruidos que atormentan el paso de los días
y en mi silencio, que no cabe ni siquiera en mil vidas.

El ruido se volvió tan inmenso e incómodo,
algo tonto para una persona cordata (o cordura),
sin tener en mente lo que pienso y digo tan torpe.
Tontamente me pierdo en ruidos que solo me absorben.

Quiero silencio, quiero tranquilidad y dejar de pensar en tener que agradar a los demás.

Mi felicidad, al parecer, en esos grupos parece no importar.

Vacío por dentro y brillante por fuera, literalmente como una esfera que simplemente espera a que la usen en una sola fecha.

Con la pena de querer ser mí mismo,
sabiendo la consecuencia de ello y las mil preguntas que tendré que contestar.

Tantas dudas que dejarán qué pensar: si quiero vivir, si me quiero matar o si tal vez simplemente solo quiero escapar.

El ruido ajeno simplemente me parece lo peor que tengo.
Tantos defectos míos y el peor que mantengo
es mentirme a mí mismo, olvidándome de dónde yo vengo.
Sin realidad, sin tormento, simplemente me sostengo.

No pido que me dejen ni que me entiendas,
tampoco quiero que solamente te ofendas.
No busco preguntas, porque se que no abran respuestas,
simplemente busco tapar todo con simples vendas.




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