Mi pensamiento, mi ruido, mi desorden mental, lindo para mí, pero a la vez también es un malestar; y no es algo físico, va más a lo emocional, simplemente es un cambio distinto a lo habitual.
Anteriormente el ruido eran voces personificadas, actualmente son las mismas voces, simplemente que ya no veo esos reflejos ni siquiera en una pantalla.
Borré todo, borré ese mundo, borré el caos que hubo y el fondo que habitaba constantemente; lo dejé todo, pero me traje conmigo esa llama, esa pizca de luz suficientemente grande para empezar nuevamente.
La escritura, la música, mi linda danza que hago constantemente, no es una rutina ni mi estilo de vida, es más un baile que hago con el placer de superar a mi yo de ayer.
La vida va de cambios, va de dejar lugares, personas y también de pensamientos erróneos, ideologías mal formadas, como avanzar sin reflexionar sobre las palabras, porque en la juventud eso es lo que se juzga de la noche a la mañana.
Errores que en la mente no deberían traer problemas, pero errores permanentes que sin duda nos dejan una vida llena de malas experiencias.
No, esa no es mi vida, no quiero vivir así, con errores normalizados por esta sociedad que normaliza hasta la mínima cosa de falsedad.
Cambiar rutinas y todo lo de tu alrededor, un lindo balde vacío donde hubo agua y ahora hay una linda planta; el agua se acaba y mi planta se alimenta, con luz y con más agua, un cambio donde cambia hasta la estructura de mi persona.
Mi vacío, mi miedo y todo mi ruido es mío, es propio, y propiamente acepto que sí, dejé lo anterior para meterme a un mundo donde todo es puro, realista; así es mi mundo, tranquilo, ruidoso y sin voces que me digan qué debo hacer para ser feliz.
Porque mi felicidad es esta linda planta que se riega cada mañana y por las noches simplemente descansa pensando en la luz que le dará la mañana