La oportunidad de dejarte ir y poder empezar de nuevo me parece que nunca la tomo, en la noche, donde mis pensamientos me arropan nuevamente, y vuelvo al mismo sentimiento.
¿Qué siento, por qué lo siento y por qué no puedo pensar en algo más? En las sábanas de mi descanso y en los sueños de mi mente es donde siempre estás.
La carta al olvido que decía que te iba a olvidar, olvidar el pasado y olvidar el futuro donde tú no estás, olvidar mi presente y olvidar el olvido.
Olvidé curiosamente el valor y el afecto más común, que es mi culpa, mi pesar de dejar escapar toda oportunidad y de tratar mal a la simple vida que ésta me quiere solo enseñar.
Mi desgracia es un pasatiempo lindo y placentero que me hace pensar en por qué me culpan si mi única culpa fue no actuar ante la realidad de las cosas.
No seguir un camino iluminado y adentrarme en un bosque donde no hay ni un rastro humano, pero ¿qué hay de humano actualmente? La humanidad perdió el sentido de la vida y lo más valioso, que es sentir.
Mi mayor pésame a usted, mi mayor disculpa a ti también, he de reconocer que este sentido me sigue incluso a dónde no puedo ver, adonde no puedo estar y donde no puedo soñar.
Mi cobardía me hizo perderte, mi miedo me hizo dejarte, mi egoísmo me hizo juzgarte, y cuando no estuviste me di cuenta de que todo este tiempo yo fui siempre el culpable.