Bajar, o subir, dos cosas que hacemos día tras día, es lindo subir y alcanzar o llegar a tu destino deseado.
Hubiera deseado que siempre fuera así, una subida limpia, tranquila, lenta, pero que al final llegara a mi destino.
Pero mi destino en un tiempo fue todo lo contrario, fue bajar, y bajar y bajar, hasta lo más profundo de mis propios pensamientos, y ahí alcancé a mirar un pequeño lugar que en mi mente era seguro, era la soledad.
Linda ésta que me arropó cuando no había más cobijas a mi lado, cuando no había nadie que me diese un abrazo, linda ésta que me cuidó cuando todo el mundo me dejaba a un lado.
Es mi otra madre, eso sin duda, es la que más me quiso y la que en todos los días que tengo un problema está siempre me abraza, diciéndome que ningún problema me puede dañar siempre que esté ella.
Cuando estuve tan abajo, cuando era una carga más a los zapatos de los demás, cuando no servía ni para hablar, ésta me aceptó tanto, que fue la única forma de amar que tengo en la actualidad.
Mi soledad, mi rumbo, porque subir te lleva a otros caminos, y bajar te lleva a encontrar tu destino.
Agradezco a mi mente por aceptar bajar tanto, por aceptar la caída, y por aprender a vivir con esos golpes, que sin ellos no pudiera saber quién soy yo hoy en día.
Gracias soledad, gracias vida, y gracias a esa caída que me cambió mi forma de ver la misma vida, que me hizo entender que bajar está bien, ahí encuentras cosas que nadie se atreve a ver.