La sobrecarga de las emociones que siento me hace sentirme feliz, me siento vivo a pesar de que no sepa qué es vivir.
Luchando constantemente con los ecos de mi egoísmo, pensando en por qué no digo la verdad, no es que no me importe vivir, solo quiero sentir que estoy bien para seguir.
Salto la cuerda, juego a encontrar, juego a encontrarme y juego a estar viviendo plenamente, soy parte de una sociedad que juega a ser otra persona, el juego más grande y largo que he visto.
Soy parte de, soy parte de algo tal vez, o tal vez simplemente no quiero ver lo que la vida quiere hacerme entender, vivir y jugar a vivir es el juego más cruel que puede existir.
Existir en un mundo donde todo es ligero y pesado a la vez, donde una opinión se pierde sin tan siquiera poder ser vista, escuchada y sentida.
El sentido de mi juego y el sentido de mi vida, me siento contento de saber que mi niño interno sigue jugando, son juegos distintos, pero siguen siendo juegos sin más.
Dejé de correr para buscar y atrapar personas a correr de mis problemas, dejé de contar segundos a contar deudas, cambié el saltar la cuerda a saltar mis metas, dejé de soñar e imaginar a simplemente empezar a ver la realidad.
Dejé de jugar para meterme a un juego real, a mi vida real, y esta realidad está jugando conmigo, haciéndome creer que es mi verdadera realidad, pero mi realidad no es jugar a ser real, mi realidad es hacer de la vida un juego donde puedo disfrutar mi realidad.
Y mi realidad no es jugar, es hacer que la vida sea mi compañera de juegos, donde el juego más lindo es ver la realidad.