En cada noche y cada mañana aún sigo creyendo en todos los sueños, sueños que a lo mejor sí pueden cumplirse o simplemente sueños que se quedan perdidos.
Perdidos como el deseo de querer actuar, de querer salir o de simplemente querer hacer algo,
algo como salir, caminar, hablar o simplemente pensar.
Pensar en algo positivo y no en cosas negativas,
negativas como morir o negativas como vivir,
vivir en algo más que un simple abrazo rutinario,
rutinario como el escapar y pensar que jugar a ser amados es lo que nos hace mejorar y olvidar pasados.
Pasados como esos que te marcan, esos que te muestran y te enseñan que no todo es perfecto.
Perfectamente me entiendo yo mismo y perfectamente me intento dejar de entender para así poder ver un mundo no tan cruel.
Pero quién soy yo para poder hablar de temas como el amor o el perdón, soy un simple desconocido que nadie escucha ni mira en este mundo, mi palabra no tiene valor, pero qué valor hay en algo que no vale como el amor.
Amor, perdón, pero me pido perdón por no amarme así como amo el perdonar a aquel que no me amó ni perdonó.
Un perdón que quedó en el viento,
un dolor que quedó flotando,
simplemente un momento que me dejó marcando,
sin poder avanzar, sin sentirme abandonado.
Porque hay personas que te ayudan y otras que te dejan, pero las que te dejan con ayuda y consejos son las que te marcan con muchas consecuencias.
Porque soy consciente de que de los sueños hay que despertar, pero prefiero dormir a tener que mirar un mundo donde solo hay falsedad y crueldad.