Ecos de un cuarto a oscuras

Lindo destino 

Quizá la última llamada a querer salir fue ayer o quizá realmente nunca me ha llegado como tal, la tranquilidad que nace desde dentro es como un mar abismal que te arropa incluso en las tormentas.

Quizá este sea un destino, como uno de muchos que pueden existir, destinos lindos como ir a Francia, a España, o cualquier otro lugar que te dé felicidad, pero también está ese destino distinto, que es aburrido a los ojos de muchos, pero que a mí me gusta.

El campo, el sonido de la naturaleza en mi cabeza, sentir cómo el viento roza mi piel, incluso en la tranquilidad que nace dentro de mi propio ser.

No necesito salir para experimentar la tranquilidad ni ir a sitios así para saber qué es; en mi mente nacen esos manantiales, esa presencia que solo la romantizo en mi cabeza.

Porque sí, no es la primera vez que te escribo, y no será la última tampoco; eres linda, eres estricta, pero al final de cuentas eres la que siempre me acompaña en todo momento, y eso es lealtad.

Quizá todos te teman porque no saben convivir contigo, no saben escucharte y, cuando hablas —que realmente nunca sucede—, es cuando más miedo tienen.

Porque el silencio asusta cuando el ruido siempre fue una fuente de felicidad y tranquilidad en sus cabezas.

Tú eres lo contrario: silencio absoluto, pero ese silencio que se disfruta, que te da calma, que al final de todo siempre te arropa con muchas preguntas que surgen ahí.

Hoy te escribí porque te lo mereces, porque me eres fiel, porque tus preguntas, que realmente siempre fueron mías, son las que me hacen entender el porqué eres y serás siempre mi mayor compañía.

Mientras para muchos eres cruel y aburrida, para mí eres y serás esa compañía que, a pesar de todo, siempre estará día a día en mi vida.




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