Ecos del Abismo

Capítulo 5: Sangre, sudor y poder

El sonido del acero contra el acero resonaba en la sala abandonada como si la piedra misma recordara cada golpe.

Kael jadeaba, los brazos adoloridos por el peso de la espada de Osur. Su armadura encantada ardía levemente, como si castigara cada error con calor. Frente a él, Darik bloqueaba cada ataque con movimientos precisos, sin siquiera sudar.

—¡Más rápido! ¡No levantes tanto los codos, o un Descendido te arrancará el brazo! —rugía el caballero.

Kael giró e intentó una estocada baja. Darik la desvió con el canto de su espada y lo empujó con el hombro.

¡THUD!

Kael cayó de espaldas, escupiendo polvo.

—Tsk… ¿cómo esperas sobrevivir así?

—¡Estoy… haciendo lo que puedo!

Darik se acercó y le tendió la mano.

—Haz más. Aquí, o te entierran. Y a nadie le importará tu nombre.

Kael lo miró con rabia, pero aceptó su mano. Se puso de pie, sudoroso, cubierto de rasguños. Su espada temblaba en su agarre.

—Otra vez.

Darik asintió. Y volvieron a luchar.

Durante horas. Sin descanso.

Hasta que el dolor se convirtió en reflejo. Y el miedo… en impulso.

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Horas más tarde, Kael se sostenía junto a la lámpara mágica, bebiendo agua con las manos temblorosas. Darik, apoyado contra la pared, observaba en silencio.

—No eres fuerte aún. Pero ya no eres el mismo niño que cayó aquí.

Kael asintió. Tenía moretones, pero también… firmeza.

—¿Bajamos al siguiente piso?

Darik sonrió por primera vez.

—Sí. Es hora de que pongas a prueba lo que aprendiste.

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Descendieron juntos por un pasaje estrecho. A medida que bajaban, las paredes se volvían de hueso y carne. El aire olía a cobre y moho. El Tercer Piso los recibió con una bruma espesa y una niebla púrpura que cubría los pasillos.

De pronto, se escuchó un chillido agudo.

¡SKREEEEEE!

De las sombras emergieron tres criaturas grotescas: Chorreadores de Osamenta. Altos, con espinas en la espalda y mandíbulas que abrían en cruz. Garras negras, ojos sin pupilas. Se lanzaron sobre ellos sin dudar.

—¡Ahora, Kael!

Kael corrió hacia el primero, esquivó su zarpazo y le clavó la espada de Osur entre el cuello y el pecho. La criatura gritó y explotó en un líquido verdoso.

Darik giró sobre sí mismo, decapitando a otro con su espada bastarda. El tercero intentó escapar, pero Kael lanzó una estocada rápida que le atravesó la columna.

Los cuerpos cayeron… y entonces algo extraño ocurrió.

Del interior de los cadáveres surgieron pequeños orbes dorados y fragmentos negros con forma de garras.

—¿Qué es esto…? —preguntó Kael, recogiendo uno de los fragmentos.

Darik recogió otro.

—Recuerdos de combate. Esta mazmorra no solo mata. Aprende. Y a veces… te deja aprender también.

Los orbes se disolvieron en sus manos.

[Kael ha aprendido la habilidad: Corte Repentino]

> Un tajo veloz que ignora armaduras ligeras.

[Darik ha aprendido la habilidad: Postura Reflejo]

> Permite desviar el primer ataque recibido en cada enfrentamiento.

Kael se quedó mirando sus manos. Sintió como si algo nuevo se hubiera fundido en su instinto. Como si la espada supiera moverse sola, ahora.

—Esto es… ¿robarles el alma?

—No. Solo tomar lo que dejaron al morir —respondió Darik, recogiendo varias monedas negras con una calavera grabada—. Oro del Abismo. Puedes comprar con él… si encuentras a alguien aún humano.

Kael miró alrededor. Los ecos de los pasos aún resonaban entre las columnas de hueso.

—¿Y ahora?

—Ahora bajamos más. Este piso fue fácil. El próximo tendrá criaturas que deforman el espacio. Y quizás… algún otro guerrero.

Kael se preparó.

Había aprendido a matar. Ahora aprendería a dominar.




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