Ecos del Abismo

Capítulo 7: El Guardián del Cristal Roto

El eco de las pisadas se perdía entre los restos de los espejos destruidos. Cada paso que daban los acercaba más al núcleo del Cuarto Piso.
Avarn caminaba al frente con la lanza al hombro, sin mirar atrás. Su capa ondeaba a pesar de que no había viento.

Kael seguía con la espada de Osur en mano, nervioso.
Darik, más sereno, mantenía una mano en la empuñadura de su espada bastarda.

—¿Adónde vamos exactamente? —preguntó Kael, rompiendo el silencio.

—Al corazón de este piso —respondió Avarn, sin detenerse—. Donde habita su guardián. Una criatura que se alimenta de mentes rotas y recuerdos distorsionados.

—¿Y si no la enfrentamos? —preguntó Darik.

Avarn se detuvo y giró lentamente el rostro hacia él.

—Entonces quedamos atrapados. Hasta enloquecer… o convertirnos en uno de sus reflejos.

Nadie volvió a hablar.

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Llegaron a una gran sala circular. Las paredes brillaban con fragmentos de espejo aún vivos. En el centro, un altar con forma de espiral. Encima, una figura encapuchada, inmóvil… como una estatua hecha de cristal y sombra.

[Guardiana del Rostro Inverso: Nyssira]

Sus ojos se abrieron de golpe, y miles de susurros llenaron la sala. No venían de su boca, sino de los espejos.

—Ya vienen… los que no aceptan su verdad… —susurró una voz múltiple.

Kael apretó los dientes.

—¿Qué es esa cosa…?

—Una parásita de memoria. Devora el alma hasta dejar solo un reflejo roto —explicó Avarn—. No le den tiempo para deformar la realidad.

Nyssira se alzó flotando, y su capa se abrió como alas de cristal. De su espalda brotaron brazos hechos de vidrio afilado, cada uno con un arma diferente: lanza, maza, cuchilla, arco.

—¡Dispersarse! —gritó Avarn.

La batalla comenzó.

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Kael corrió en zigzag para evitar los disparos del arco de cristal. Un rayo de energía rozó su mejilla. Cuando llegó a rango de ataque, la criatura giró repentinamente y lo golpeó con la maza de vidrio, lanzándolo contra una columna.

—¡Kael! —gritó Darik.

El caballero se abalanzó sobre Nyssira, su espada chocó contra uno de sus brazos de cuchilla, produciendo una onda que hizo vibrar toda la sala. Pero otro brazo emergió del torso de la criatura y le atravesó el hombro.

—¡Agh!

Kael, sangrando por la frente, se levantó.

—¡No… no voy a quedarme atrás…!

Corrió hacia un espejo roto, tomó uno de los fragmentos… y lo arrojó a los ojos de Nyssira.
¡CRACK!
La criatura chilló. Perdió el equilibrio.

—¡AHORA, AVARN! —gritó Darik.

Avarn no respondió. Ya estaba en el aire.

Saltó con la lanza girando como un cometa oscuro. Una runa brilló en su brazo derecho, y la punta de la lanza se cubrió de energía negra.

—¡Caída de Lanza: Fragmento del Olvido!

¡KRAAAAAAASSSSH!

La lanza se clavó en el torso de Nyssira, partiendo sus brazos y quebrando su núcleo. La criatura chilló, se retorció… y estalló en una lluvia de cristales oscuros.

Todo quedó en silencio.

Los restos de la criatura se deshicieron en polvo.
Del centro del altar, surgió una pequeña piedra flotante.

[Piedra de Paso: Sello del Cuarto Piso]

Avarn la tomó, y el suelo tembló levemente. Se abrió una compuerta con escaleras descendentes.

—El siguiente piso está abierto.

Kael respiraba agitado, cubierto de sudor y heridas.

—¿Quién eres realmente, Avarn?

El guerrero lo miró por unos segundos.

—Un condenado más. Pero uno que aún recuerda quién era.

Darik se levantó con dificultad.

—¿Y qué hay en el Quinto Piso?

Avarn giró hacia las escaleras.

—Sombras que te llaman por tu nombre. Vengan si tienen el valor.

Sin esperar respuesta, descendió.

Kael y Darik se miraron. Sabían que no había vuelta atrás.
Y con un último respiro, lo siguieron.




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