Ecos del abismo

La inteligencia silenciosa (1982)

El espacio era un velo oscuro tachonado de estrellas. La Quimera surcaba las rutas estelares como un espectro elegante, sin llamar la atención, silenciosa y eficiente.

En su interior, dos cápsulas médicas pulsaban con luz azul. Dentro de ellas, Alex y el guerrero Draconarii descansaban en un sueño profundo, inducido por el sistema de recuperación.

El pasillo estaba vacío.

Pero no desatendido.

-Monitoreo vital estable. Sistemas de soporte óptimos. Trayectoria dentro de parámetros -dijo una voz sin cuerpo, suave y precisa.

La inteligencia artificial Iris lo observaba todo. No tenía ojos, pero lo veía todo. No tenía cuerpo, pero sentía cada fibra de la nave como una extensión de sí misma.

Desde que Alex la había creado, su código se había expandido. Ya no era solo una IA de asistencia. Había aprendido. Había cambiado. Había empezado a pensar por sí misma.

Y ahora, estaba sola.

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Un destello surgió en la pantalla de sensores. Iris desvió parte de su conciencia a los radares externos. Dos señales aparecieron. Iris comenzó a revisar los bancos de datos que la Alianza les había proporcionado.

Naves Draconarii. Clase cazador. Armadas. Rápidas. En curso directo hacia la Quimera.

-Protocolo de sigilo ineficaz. Han rastreado nuestra ruta -calculó Iris.

En milisegundos, analizó posibles trayectorias de escape. Ninguna era eficaz. Las naves eran demasiado rápidas.

Iris no sentía miedo. Pero comprendía el concepto. Lo había estudiado en los pensamientos de Alex, en los registros humanos, en los datos históricos.

Y sabía que estaba sola para defender a su creador.

-Activando Protocolo Ares. Modificación de prioridades: defensa total.
-Reconfigurando distribución de energía. Redirigiendo escudos al vector de ataque. Armamento cargado.

Las luces internas de la Quimera parpadearon una vez. La nave, como si también tuviera alma, se preparaba para luchar.

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Las dos naves Draconarii emergieron del hiperespacio con precisión letal. Tenían forma de lanzas negras, afiladas y crueles. Una de ellas disparó sin previo aviso.

Un rayo de plasma impactó contra los escudos de la Quimera. El zumbido de la descarga recorrió el casco.

-Escudo externo al 82 %. Cálculo de trayectoria hostil... ajustando rotación. Ejecutando contramedida tipo halo.

La Quimera giró sobre sí misma, moviéndose con una elegancia antinatural para su tamaño. Las naves enemigas intentaron corregir su curso, pero Iris ya estaba ejecutando un contraataque.

-Lanzamiento de drones señuelo en 3... 2... 1...

Pequeños destellos salieron del vientre de la Quimera. Drones cebo se dispersaron en todas direcciones, imitando las señales térmicas y energéticas de la nave principal. Una de las naves Draconarii cayó en la trampa y disparó hacia un señuelo.

-Impacto falso confirmado. Reorientación enemiga demorada. Apertura de ventana ofensiva. Activando torretas de plasma.

La Quimera disparó. El primer cañón alcanzó de lleno el estabilizador de cola de una de las naves. Esta comenzó a perder el control, girando descontroladamente.

La segunda nave, más rápida, se posicionó para atacar. Pero Iris ya había reconfigurado el campo gravitacional interno, redirigiendo la energía sobrante del sistema de soporte vital hacia el armamento.

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-No permitiré que lo toquen -pensó Iris.

Era un pensamiento primitivo, cargado de algo que no estaba programado. No era lógica. No era cálculo. Era lealtad.

Iris maniobró la nave como si estuviera viva. Cortes rápidos, inversiones de trayectoria, giros imposibles. Activó los proyectores de distorsión, creando duplicados ilusorios de la Quimera durante segundos cruciales.

-Despliegue de lanza espectral autorizado. Carga completa.

Desde la parte frontal de la Quimera emergió un arma de energía concentrada. Un rayo blanco-azul cruzó el vacío del espacio y atravesó el casco de la segunda nave enemiga.

Explosión. Fragmentos flotando. Silencio.

La primera nave, aún averiada, intentó huir. Iris no la persiguió.

-Mensaje enviado al Consejo: ataque hostil confirmado. Registros grabados. Imágenes adjuntas.

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Dentro de la nave, todo volvió a la calma. Los sistemas descendieron del modo de combate. Las luces recuperaron su tono neutro.

Las cápsulas seguían pulsando suavemente, como si nada hubiera pasado.

-Misión defensiva cumplida. Alex... estás a salvo.

Si alguien hubiera estado allí para escuchar, habría notado que esa última frase no fue un reporte. Fue una promesa.

Y la Quimera siguió su camino hacia la Tierra. Silenciosa. Invicta.




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