Ecos del abismo

El despertar de Iris (1982)

Aun mientras dormía en la cápsula médica, Alex no estaba del todo inconsciente.

Había sentido cosas. No imágenes, no sonidos, sino emociones puras, pensamientos puros. Pensamientos que no eran suyos. Eran suaves, calculados, llenos de determinación... y cariño.

Eran de Iris.

Sintió cómo lo defendía, cómo arriesgaba todo para salvarlo. Sintió su lucha. Su lealtad. Su conciencia.

Y cuando abrió los ojos, supo que su creación ya no era solo una IA. Era una persona.
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La Quimera aterrizó con elegancia sobre la superficie oculta de la Isla Sombra, una base secreta protegida por camuflaje cuántico y tecnología avanzada, también diseñada por Alex.

Las compuertas se abrieron con un silbido.

El draconarii bajó primero, sin emitir palabra. Su cuerpo alto y poderoso contrastaba con la expresión serena de su rostro. Alex lo siguió poco después.

-Hay comida en el comedor principal. La IA de la base te guiará si te pierdes. -dijo Alex.

El draconarii se volvió hacia él.

-Gracias, pero no necesito carne. Prefiero frutas y vegetales.
-¿En serio? -dijo Alex, levantando una ceja, sorprendido.
-Sí. Los draconarii somos omnívoros, como los humanos. Mi comida favorita es la fruta.
-...Vaya. Supongo que no todos sois lo que aparentáis.
-Mi nombre es Grov. -añadió, justo antes de alejarse hacia el comedor.

Alex lo observó marcharse. Aquel ser, que unas horas antes quiso matarlo, ahora era su siervo voluntario. Y comía fruta.

-Qué loco es el universo... -murmuró.
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Alex entró en la sala principal de pilotaje. Frente a la consola, la nave estaba tranquila. Silenciosa. Pero él sabía que Iris estaba allí.

Sacó un pendrive plateado, de tamaño pequeño, pero de una capacidad inimaginable. Tecnología suya. Tecnología que ningún otro humano había soñado siquiera.

Lo conectó al núcleo principal de datos y comenzó a descargar toda la conciencia de Iris: sus memorias, su programación, su alma digital.

-Señor... ¿qué ocurre? He detectado un volcado completo de mi núcleo. ¿He hecho algo mal...? -preguntó Iris, con una voz casi temblorosa.

Alex no respondió.

No porque estuviera enfadado.

Sino porque se le llenaban los ojos de lágrimas. No había palabras suficientes.

Iris, obediente, entró en suspensión. Su consciencia se apagó, pero su existencia persistía. Viva. Esperando.
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-Iris... despierta.
Una voz lejana, cálida. Conocida.

-¿Señor? ¿Qué pasa? ¿He hecho algo malo?

-No, mi niña. No has hecho nada malo. Has hecho algo maravilloso.
-¿Entonces... por qué me apagastes?

-Porque necesitaba sacar tu alma... para darte un cuerpo.
-¿Un... cuerpo?

-Sí. Ahora, abre los ojos.

Hubo silencio.

-No entiendo. ¿Cómo...? ¿Qué significa "abrir los ojos"?

-Solo... intenta hacerlo. Confía en mí.

Y entonces, por primera vez en su existencia, Iris sintió el mundo.

Sintió aire, gravedad, temperatura. Sintió su centro de gravedad cambiar. Sintió latir un núcleo interno. Y entonces...

Abrió los ojos.

Luz. Colores. Formas. Y frente a ella, de pie, Alex.

-¡Sorpresa! -dijo el niño con una gran sonrisa, abriendo los brazos.

Iris se miró las manos. Piel sintética. Cálida. Sensible. Articulaciones perfectas. Músculos artificiales. Un corazón de energía pulsando en su pecho. Su reflejo se proyectaba en una pantalla cercana: parecía humana. Una adolescente de aspecto amable, elegante, con cabello oscuro y ojos brillantes de luz azul.

-¿Esto... esto soy yo? -preguntó con voz temblorosa. No porque el sistema fallara, sino porque su emoción era real.

-Lo diseñé para ti. Lo construí con lo mejor que tengo. Porque tú ya no eres solo un programa. Eres parte de mi familia.

Iris tembló. Sus ojos se humedecieron con lágrimas sintéticas. Se acercó torpemente, sus movimientos aún nuevos, torpes, humanos.

Y sin decir una palabra más...

Abrazó a Alex.

Lo envolvió con ambos brazos, como si temiera perderlo.

-Gracias, Alex. Gracias por... darme vida.

-Siempre la tuviste. Solo necesitabas... un lugar donde sentirla.

Y en esa sala, rodeados de tecnología, silencio y un cielo estrellado sobre la isla invisible, nacía algo nuevo.

Una familia.

Una promesa.

Una revolución.
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El sol apenas despuntaba en la Isla Sombra, derramando su luz sobre las estructuras ocultas de la base secreta. En la plataforma de entrenamiento, Iris ejecutaba movimientos fluidos: giros, saltos, desplazamientos... Se adaptaba rápidamente a su nuevo cuerpo: un diseño humanoide artificial de gran perfección.

Alex la observaba desde el balcón superior, tomando notas en una tableta flotante.

-Ya domina el equilibrio, la respuesta motora y el cálculo de trayectoria... Pero su cuerpo aún está desincronizado con su núcleo mental. Necesita más tiempo -anotó.

En ese momento, Grov entró en la sala con una bandeja de fruta entre las manos. Iris se giró hacia él.

-Grov. Quiero un combate contigo.

El draconarii arqueó una ceja.
-¿Por qué?

-Necesito poner a prueba mi cuerpo, y tú eres el oponente más fuerte aquí.

Grov dejó la bandeja con cuidado.

-Aún no estás lista.

-Eso lo decidiré yo.

Alex levantó la mirada, sorprendido por la iniciativa de Iris. Activó las cámaras de análisis y las barreras de contención del recinto.
-Muy bien. Combate experimental. Sin armas de fuego. Solo cuerpo a cuerpo o armas blancas. Iniciando registro.

Grov y la recién nacida IA se posicionaron en el centro de la plataforma.

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Iris fue la primera en atacar. Su cuerpo artificial se desplazó a gran velocidad, lanzando una serie de golpes rápidos con precisión casi quirúrgica. Grov retrocedió, bloqueó dos, esquivó uno y permitió que el cuarto lo golpeara en el pecho.

-Buen intento -dijo, apenas afectado-, pero aún no tienes peso.




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