Ecos del abismo

Ecos en la transposición (2020)

Viktor corría a toda velocidad por el bosque, esquivando troncos retorcidos y ramas bajas que parecían querer arrancarle la cara. El suelo, húmedo y resbaladizo por la niebla matinal, no ayudaba. Respiraba con dificultad, pero no podía detenerse.

-Mara, ¡informe! -gruñó entre jadeos, activando su comunicador mientras aceleraba el paso.

-Cinco Arak'Thar a unos trescientos metros frente a ti -respondió la voz joven y burlona de Mara desde el canal de comunicación.

-¿¡Cinco!? -replicó Viktor, frenando en seco.

-¿¡Y por qué demonios paras!? -saltó la voz de Mara-. ¡Los tres que tienes detrás te van a alcanzar en segundos!

-¡Maldita mocosa! ¡Dame una ruta de escape que no sea un suicidio!

Hubo un breve silencio mientras Mara analizaba los datos en su visor táctico.

-Estás jodido, viejo -sentenció al fin.

-¡Niña! -rugió Viktor-. ¡Date prisa, maldita sea!

-Veamos... detrás de ti vienen tres, delante cinco... a tu izquierda hay dos, y a tu derecha ninguno... pero hay un enorme precipicio -explicó con tono canturreante-. Así que elige: ¿arañas o caída libre?

-Izquierda -dijo Viktor sin dudar-. No tengo ganas de suicidarme lanzándome por un barranco... y menos sin el propulsor.

Viktor giró con fuerza hacia la izquierda, rompiendo ramas y abriéndose paso entre la maleza.

-Distancia con las arañitas: cien metros... y acortando -informó Mara con fingida dulzura.

-Mara... -gruñó Viktor, apretando los dientes-. Cuando esta misión termine, tú y yo vamos a hablar seriamente sobre ese maldito sentido del humor.

-Diez metros... cinco... contacto inminente -canturreó ella.

De pronto, dos Arak'Thar emergieron de entre los árboles. Criaturas enormes, de cuerpo quitinoso y patas como lanzas negras, salpicadas de veneno que chisporroteaba al tocar la vegetación. Una de ellas se lanzó directamente contra Viktor, embistiéndolo con una fuerza brutal.

El impacto lo arrojó al suelo, rodando entre raíces. Alcanzó a sacar su cuchillo de plasma justo cuando una de las patas perforó el suelo donde había estado su cabeza un segundo antes. Se puso en pie de un salto, esquivando otro zarpazo. La segunda criatura trató de rodearlo, rápida y letal. Viktor giró sobre su eje, cortando una de las patas con el cuchillo. Un chillido agudo le taladró los oídos.

Una de las patas afiladas le rozó el costado, abriéndole una herida sangrante que empapó su chaqueta. El dolor era punzante, pero no podía detenerse. Rodó bajo el vientre de una de las bestias y clavó el cuchillo en lo que parecía ser una de sus zonas más blandas, haciendo que la criatura se retorciera con espasmos. No tuvo tiempo para respirar: la segunda Arak'Thar saltó sobre él.

Viktor alzó ambos brazos, bloqueando con su cuchillo una embestida que habría partido en dos a un humano normal. Su brazo crujió por el impacto, pero logró clavar el cuchillo bajo la mandíbula de la criatura. Un espasmo, una sacudida, y cayó muerta.

Jadeando, cubierto de sangre -propia y ajena-, Viktor se tambaleó unos pasos y escupió al suelo.

-¿Estado? -preguntó Mara, ahora con tono más serio.

-Vivo... apenas -murmuró él-. Pero estas malditas arañas ya aprendieron que no soy una presa fácil.

Los Arak'Thar restantes alcanzaron a Viktor. Herido, jadeante y con la visión nublada por el sudor y la sangre, alzó su cuchillo de plasma con manos temblorosas.

-Mara... lo siento -dijo con voz áspera-. Esa charla pendiente sobre tu sentido del humor... me temo que no vamos a tenerla.

Un silencio inesperado se instaló en el canal. Luego, la voz de Mara, rota por la culpa, susurró:

-No digas eso, viejo idiota... no me hagas esto.

Las ocho criaturas se desplegaron a su alrededor, moviéndose en círculos, esperando el momento preciso para el golpe final. Viktor apretó los dientes. Sabía que no podría contra todas.

Pero entonces, un estruendo agudo rompió el aire. Un zumbido creciente descendió desde el cielo.

-¿Qué diablos...? -musitó Viktor.

Tres torpedos de energía surcaron el cielo con un rugido eléctrico, descendiendo directo hacia el grupo de Arak'Thar. Las explosiones impactaron con una furia cegadora, reduciendo a las criaturas a cenizas y esparciendo metralla biológica por el bosque.

Viktor tuvo que lanzarse detrás de un tronco para no ser alcanzado por la onda expansiva. Aún cubriéndose, activó su comunicador.

-¿Mara? ¿Qué fue eso?

-No tengo ni idea de lo que está pasando, señor... -respondió ella, con la voz temblorosa entre asombro y alivio.

Un nuevo canal se abrió en el intercomunicador, interrumpiendo la frecuencia con una voz masculina, profunda y con un acento inconfundible.

-Vaya, vaya... ya tengo otra proeza que anotar en mi diario: salvarle el trasero al gran comandante Viktor Krassov.

Viktor entrecerró los ojos.

-¿Vargas? ¿Eres tú, mexicano loco? -preguntó, entre atónito y aliviado.

-En carne y hueso, comandante. Estoy aquí por usted y su equipo.

-Estamos en misión. No podemos irnos de Aras. Tenemos que limpiar esta colonia. Hay más Arak'Thar ahí fuera.

-Eso ya no importa, comandante. Tiene órdenes nuevas: debe volver a la Tierra y contactar con Izzy.

La expresión de Viktor se endureció.

-¿Ocurre algo?

-Demasiados movimientos draconarii en el planeta. Todavía no sabemos qué traman, pero no huele a nada bueno.

-¿Y las arañitas? -interrumpió Mara, recuperando parte de su descaro habitual.

-El alto mando ha decidido que serán detectadas desde órbita y... se aplicará un bombardeo planetario.

-¿Estás seguro? -preguntó Viktor, frunciendo el ceño-. Es casi imposible detectarlas desde el espacio. Su sistema de camuflaje natural las vuelve invisibles a los sensores convencionales.

Tranquilo, mi nave está equipada con nuevos sensores, diseñados específicamente para eso. Yo me encargaré.

-Espera... si tú y tu nave se quedan aquí, ¿cómo vamos a volver a la Tierra? -inquirió Viktor-. Esas malditas cosas inutilizaron a la Irina. Estará en dique seco semanas.




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