Tras concluir su intervención ante la Asamblea, Elena intentó retirarse discretamente, pero se vio obligada a postergar su marcha al ser requerida por la presidenta Elizabeth para una recepción oficial organizada en su honor.
Nunca creyó que sus planes de dormir un día entero serían rotos por una invitación a un tentempié. Elizabeth y, probablemente, los servicios secretos de los EE. UU., Rusia, China y varios países más estarían observando todos sus movimientos.
Una voz cercana la sacó de sus cavilaciones.
—Gran almirante —dijo alguien a su lado.
Los soldados de la Unión se plantaron delante para impedir que se acercaran a Elena. Ella alzó la vista y detuvo a sus guardias con la mano.
Ante ella estaba la presentadora estrella de los noticieros de VXN News de Nueva York, Lena Rodríguez, y otra mujer a la que no conocía.
—¡¿Lena?! ¡Pequeña! —exclamó Elena mientras se levantaba de la silla en la que estaba sentada.
Le plantó dos besos, uno en cada mejilla.
—Me alegro de verla, señora —la periodista inclinó la cabeza.
Elena, que en los veinte minutos que llevaba sentada no había sonreído, esbozó una sonrisa sincera a la joven.
—Dime, niña, ¿cómo te va todo? ¿Estás bien?
—Todo bien, almirante. Si me permite, quisiera presentarle a mi jefa, Evelyn Torres, directora de los informativos de VXN News.
Elena tendió la mano hacia Evelyn y esta la apretó con fuerza.
—Es un placer.
—El honor es mío, gran almirante...
Evelyn se llevó la mano al cuello, buscando las palabras.
Lena sonrió:
—Verá, lo que mi jefa quiere es saber si nos podría conceder una entrevista.
—¿Una entrevista? —Elena pensó durante unos segundos—. Vale, ¿qué les parece ahora? Tengo tiempo.
—¡¿Ahora?! —Evelyn dio un paso atrás, como si la propuesta la hubiera pillado desprevenida.
Lena, en cambio, ya sonreía.
—Sí —fue la única respuesta de Elena.
Evelyn sacó su móvil y llamó a alguien:
—Sí, Eduard, ¿potrías venir con tu cámara ahora mismo a la zona de los dignatarios?
—No me dejan pasar, Evelyn —indicó Eduard—. Estamos en la misma zona, pero a la prensa nos tienen fuera de ella.
—Dígale que la gran almirante le autoriza. Suraj, por favor, ¿puedes ir y traer al cámara? —ordenó Elena.
El teniente asintió con la cabeza y se dirigió a la zona de control que separaba la fiesta en dos: la de los periodistas y la de los invitados.
Suraj volvió con el cámara. Varios soldados de la Unión trajeron un par de sillas para Lena y Evelyn. Esta, antes de sentarse, le explicó a Eduard lo que estaba pasando. El camarógrafo encendió su equipo al instante.
—Evelyn —llamó Eduard—. Tendrá que ser una entrevista en diferido y no en directo.
—¿Y eso?
—Al parecer hay anuladores de señal en la zona de dignatarios.
—Suraj —intervino la gran almirante, y con un gesto de la mano señaló al teniente.
El joven oficial indio sacó un dispositivo de los bolsillos de su uniforme y lo activó.
—Por eso no se tienen que preocupar, ya hay señal —dijo Elena.
Eduard miró su cámara y vio que, en efecto, ya le permitía transmitir a la central de VXN News. Sacó su móvil y llamó a la emisora.
—Sí, Eduard, ¿qué pasa? —preguntó Marcus desde el control.
—Preparaos, tenéis diez minutos para transmitir en directo.
—¿En directo el qué?
—Una entrevista a la gran almirante.
Marcus tragó saliva y tardó un segundo de más en responder.
—¿Elena?
—Sí, Elena —respondió Eduard.
—De acuerdo, nos ponemos en marcha —Marcus ya estaba de pie, haciendo señas a alguien fuera de cámara—. Diez minutos y contando.
Mientras tanto, en otra zona de la fiesta, Yeon hablaba con la presidenta Elizabeth, los dignatarios ruso y chino, y el secretario general de la ONU.
—¿La gran almirante no se nos unirá? —preguntó Volkov.
—Está cansada, lleva varios días sin dormir bien —respondió Yeon—. Es más, habría preferido irse en vez de quedarse en este evento.
Elizabeth se acercó a Yeon y le susurró:
—Dígame la verdad, almirante... La niña de nueve años que apareció en Nueva York hace tres días era Elena, ¿verdad?
Yeon apretó la copa que tenía en la mano y desvió la mirada hacia la multitud, buscando dónde posarla que no fuera el rostro de Elizabeth.
De pronto, Suraj la sacó del apuro.
—Almirante, la gran almirante quiere que vea lo que va a pasar.
Yeon y el grupo de dignatarios lo miraron con sorpresa.
—¿Qué ha hecho? —exclamó Yeon.
—Nada, solamente me pidió que le informara de que va a dar una entrevista en VXN News.
A Yeon se le escapó la copa de la mano, y solo atinó a sujetarla a medio caer.
—Si me permiten, señores... —dijo, y se marchó a toda prisa hacia donde estaba Elena.
Los estudios centrales de VXN News en Nueva York interrumpieron su programación. Marcus, desde la sala de realización, dio el corte definitivo con un gesto seco de la mano.
—Interrumpimos nuestra programación habitual para conectar de urgencia con la zona de dignatarios de la Asamblea de las Naciones Unidas —anunció el presentador, ajustándose el pinganillo—. Fuentes de nuestra cadena confirman que VXN News ha obtenido, en exclusiva mundial, la primera entrevista televisada con la líder de la Unión. Conectamos en directo con nuestra corresponsal, Lena Rodríguez.
La señal cambió.
En pantalla apareció Elena, sentada con la espalda recta, militar, y la boca torcida en una mueca de fastidio. Lena sostenía el micrófono con las dos manos, como si temiera que se le fuera a caer.
El grupo de dignatarios irrumpió en la zona reservada. Yeon iba a la cabeza, seguida de la presidenta Elizabeth, el primer ministro chino Liang Feng, el diplomático ruso Volkov y el secretario general de la ONU.
Evelyn les hizo una seña brusca para que guardaran silencio. Se quedaron parados a pocos metros.
—Gran almirante —comenzó Lena—, gracias por concedernos estos minutos. La primera pregunta es la que se hace todo el planeta ahora mismo. ¿Quién fundó la Unión y de dónde salieron ustedes?