Suraj se sentó en su sillón mientras Elizabeth y su secretario esperaban una explicación sobre lo que Mei había soltado.
Los dos le miraron durante unos minutos sin decir nada.
—¿Estará esperando una explicación? ¿Verdad?
Elizabeth asintió con la cabeza.
—Ok. Ahí voy.
Usted sabe que Elena y su padre son poderosos. Pero no entiende por qué Yeon, que no es hija biológica de Alex, tiene poderes.
La mujer volvió a asentir.
—La verdad —continuó Suraj— es que se debe a la sangre de Alex. En 1982, la primera misión de la Unión fue a la ciudad coreana de Busán. Una enorme nave de los Grises apareció sobre la ciudad y causó el caos. Había una infestación de un parásito alienígena llamado drenka, y los Grises habían decidido resolverlo a su manera: la nave se preparaba para incinerar Busán entera, con sus más de tres millones de habitantes dentro.
Elizabeth abrió la boca, pero no llegó a decir nada. Andi se llevó una mano al pecho.
—La madre de Yeon estaba embarazada cuando quedó atrapada en la zona del brote. La niña, aún en el vientre, resultó infectada por una reina drenka. Alex no encontró otra forma de salvarla: usó su propia sangre, en su estado más puro, para matar a la reina desde dentro. Esa sangre no solo cura. También otorga poder a quien la recibe así, sin diluir. Por eso Yeon nació con lo que tiene, aunque no lleve una gota de la sangre de Alex por nacimiento.
Suraj miró a sus dos invitados, pero estos no dijeron nada. Permanecían callados, asimilando lo que escuchaban.
Iba a continuar cuando Elizabeth lo interrumpió.
—¿Una nave alienígena sobre Busán en 1982? ¿A punto de incinerar a tres millones de personas? Perdone, teniente, pero no hay constancia alguna de eso. Ni archivos de inteligencia, ni videos de televisión. Eso no sucedió.
—Se equivoca, señora presidenta. Sí sucedió. El motivo de que no haya informes es que Alex borró la mente de todo el planeta y eliminó todos los archivos.
Elizabeth se quedó inmóvil un segundo. Luego miró fijamente a su secretario.
—¿Borraron la mente a todo el planeta?
—Hay algo que debe entender, señora. 1982 es el año en que comenzó la Unión. En aquella época no éramos poderosos. Teníamos que ocultarnos no solo de los servicios secretos del planeta, sino también de fuerzas hostiles muy poderosas que ya estaban infiltradas en la Tierra. Y créame, señora presidenta: su país, Rusia, China y otros países del mundo han tenido y siguen teniendo fuerzas oscuras que no quieren el bien de la humanidad.
—¿Y ustedes sí quieren nuestro bien?
Suraj la miró a los ojos.
—Sé por el camino que va, Elizabeth, y he de decirle que nuestras acciones han hablado. Si hubiéramos tenido malas intenciones con ustedes, habríamos tomado el planeta sin dar explicaciones. En cambio, les prometimos no intervenir en sus asuntos nacionales y actuar únicamente si ponían al planeta en peligro. Cosa que aún no ha sucedido. Puede que en alguna ocasión hayamos pasado ciertos límites, pero salvamos millones de vidas… incluida la suya.
Elizabeth miró a Andi y después a Suraj. Sabía que este tenía razón. Desde que la Unión se dio a conocer, dos meses atrás, solo habían intervenido en zonas del planeta donde se necesitaba ayuda médica o para evacuar civiles de zonas de guerra. Nunca habían interferido en los asuntos políticos de los países. Además, desde su aparición, la humanidad había avanzado en conocimientos que la Tierra habría tardado siglos en alcanzar.
Elizabeth suspiró.
—Les daré el beneficio de la duda. Ahora, teniente, explíqueme por qué Alex decidió borrarme la memoria y convenció a mi abuela para que me adoptara.
Suraj apartó la vista.
—Eso solo pueden explicárselo bien Alex o Elena, señora. Lo único que puedo decirle es que esos dos tienen la capacidad de ver futuros. No sabemos cómo lo hacen. Según una pequeña explicación que escuché, sienten las ramas de las líneas temporales. Cada cierto tiempo los humanos se encuentran con ramificaciones: a veces una, a veces dos, tres o muchas. Y, dependiendo de lo que elijan, ese será su futuro.
—¿Me está diciendo que Alex decidió por mí mi futuro?
—Exacto. Pero ha de entender algo: Alex y Elena solo toman esas decisiones si la persona tiene una única línea… o si todas las demás están podadas.
Elizabeth frunció el ceño. Andi se inclinó hacia delante, sin apartar los ojos de Suraj.
—¿Podadas?
—Sí. Según Mei, Alex le mostró a su abuela su línea de tiempo. Ante usted había dos líneas que se bifurcaban. En una era como es ahora: la presidenta de los Estados Unidos. En la otra se quedaba en su reserva y…
—¿Y qué?
—Moría. Una bifurcación hacia una rama podada significa un diez por ciento de sufrimiento.
—¿Y el noventa por ciento restante?
—La muerte. Si Alex no hubiera intervenido y usted hubiera elegido la segunda opción, ahora mismo no estaría hablando conmigo. Estaría muerta, señora presidenta.