Ecos del abismo

9

Alex miraba fijamente el rostro del mantido.

—Está bien... Confieso. La nave y toda la tecnología que hay en ella son obra mía. No encontré ninguna nave estrellada ni nadie de fuera de la Tierra se puso en contacto conmigo. Desde que nací, aparecen en mi mente aparatos e inventos. Para ser exactos, ni siquiera sé de dónde vienen.

El mantido regresó lentamente a su trono y tomó asiento.

—¿Aparecen en tu mente? ¿Cómo ocurre eso?

Alex negó con la cabeza.

—No lo sé. Simplemente aparecen. Y como soy curioso... los construyo.

El mantido alzó una de sus patas. Al instante, algo comenzó a moverse en el techo de la sala.

—No temas. Solo vamos a realizarte un escaneo.

Una luz azul descendió desde un extraño mecanismo instalado en el techo y comenzó a girar alrededor del niño. Alex levantó la vista mientras la luz recorría su cuerpo de arriba abajo.

Tras unos segundos, el mantido habló.

—¿Y bien?

A su lado apareció un holograma esférico. En su interior se materializó la imagen de una felinoide de pelaje plateado y ojos dorados. Sus orejas se aplanaron contra el cráneo al leer los datos.

—Señor... Según estos datos... deberían tener mucho cuidado con él.

El mantido ladeó la cabeza con brusquedad.

—Explícate.

La felinoide tragó saliva antes de continuar.

—Este humano no posee dos hebras de ADN activadas... Las tiene todas.

Un silencio sepulcral cayó sobre la sala.

Entonces estalló un murmullo de incredulidad.

—¡Eso es imposible! —exclamó el arturiano, poniéndose en pie.

—¡Los registros dicen que es una leyenda! —gritó alguien desde el fondo.

El insectoide retrocedió varios pasos. El reptiliano llevó instintivamente la mano al arma que colgaba de su cintura. Dentro de su esfera de agua, el abgal se quedó completamente quieto, como si también él hubiera dejado de respirar.

—¡Silencio! —rugió el draconarii, golpeando el reposabrazos de su trono con tal fuerza que el estruendo resonó por toda la cámara.

El murmullo desapareció de inmediato.

El mantido no apartaba la vista del holograma.

—Continúa.

La felinoide respiró hondo.

—Señor... Ignoro si este humano es consciente de ello, pero los análisis son concluyentes. Su ADN tiene las veinticinco hebras activadas.

Hizo una pausa, como si incluso ella dudara de lo que iba a decir.

—Eso significa que su potencial evolutivo es ilimitado. Si despertara por completo sus capacidades... tendría un poder comparable al de un dios.

La científica bajó lentamente la cabeza.

—No... Me corrijo.

—Los cálculos indican que incluso superaría a un dios.

Nadie habló. El pleyadiano cerró los ojos. El gris imperial clavó las garras en los brazos de su trono. Algunos embajadores palidecieron; otros inclinaron la cabeza.

Y Alex...

Solo permanecía allí de pie, completamente desconcertado. Ni siquiera entendía por qué todos lo miraban como si acabaran de descubrir a la criatura más peligrosa del universo.

El primero en romper el hechizo fue el draconarii.

—Dejémonos de tonterías... procedamos con la vivisección de esta cosa —dijo—. Así sabremos cómo funciona.

Alex abrió los ojos de par en par. Cruzó los brazos sobre el pecho, alzó la barbilla y miró al reptil con el ceño profundamente fruncido.

—Inténtalo, bolso con patas —escupió el niño, dando un paso al frente sin una pizca de miedo—. Aquí te espero.

Los dos se sostuvieron la mirada con desafío puro.

—Tranquilos los dos. Aquí nadie va a viviseccionar a nadie —exclamó el mantido, interponiéndose con una de sus patas y mirando fijamente al draconarii.

El reptil se acomodó en su trono soltando un gruñido. Alex resopló en silencio y puso los ojos en blanco, ajustándose la chaqueta como si la amenaza no fuera con él.

—Solo aporto ideas. No podemos tener a algo tan peligroso suelto por la galaxia.

Un sonido parecido a un suspiro escapó del mantido.

—Sé que es peligroso, pero eso sería ir contra las leyes de la Federación.

—¿Puedo hablar? —interrumpió una voz.

Alex ladeó la cabeza, buscando entre la multitud al dueño de esa nueva voz con curiosidad. Los miembros del consejo y el resto de los alienígenas que llenaban la sala giraron la vista hacia el mismo punto.

—Pretor Nerada, ¿qué sugiere?

—Un juicio de combate.

Un rumor de asombro recorrió la sala de inmediato. Alex parpadeó confundido, mirando a un lado y a otro intentando descifrar el repentino alboroto de los alienígenas.

—¿Está sugiriendo un combate entre Alex y un campeón draconarii? —exclamó con sorpresa el arturiano—. ¿Se ha vuelto loco? Lo matará... y, aparte de eso, no hay motivo alguno para celebrarlo.

Alex entreabrió la boca, señalándose el pecho a sí mismo con un dedo mientras miraba al arturiano como diciendo: «¿Perdona, a quién va a matar?».

—Sí que lo hay —respondió Nerada con absoluta calma—. Sé que para un juicio de combate se necesita una ofensa. Y la hay. El humano ha llamado al miembro draconarii del consejo "bolso con patas".

El niño se congeló. La mueca de indignación de su cara se transformó en una mezcla de estupefacción y ganas de reírse cuando Nerada continuó:

—Traducido literalmente: nuestro amiguito quiere despellejar al consejero Brak y usar su piel para fabricar una mochila o un bolso de transporte.

Alex tuvo que taparse la boca rápidamente con la mano para ahogar una risotada, aguantándose las ganas de aplaudir ante semejante libre interpretación de su insulto.

—Líder del consejo —continuó Nerada con solemnidad—. Con este juicio podemos también resolver el conflicto B-12.

El mantido se inclinó hacia delante en su trono y apoyó la articulación de una de sus patas en la cabeza.

—Adelante, continúa —autorizó.

—El niño humano ha insultado gravemente al consejero draconarii, y este, sintiéndose agraviado, solicita un juicio de combate —explicó Nerada señalando al reptil—. Alex representará las alegaciones de la Federación sobre los sectores en disputa del Caso B-12, los mismos que el Imperio Draconarii reclama para sí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.