—Ya queda poco —indicó Iris—. Unos diez segundos.
La pantalla mostraba el porcentaje de la perforación, 99, 100% y la máquina se paró.
—Vamos —ordenó Alex, que se puso a caminar, pero Iris lo sujetó del hombro.
—Siempre tan imprudente. No sabemos qué hay dentro.
Sacó una nueva esfera transmutadora de su mochila. A una orden mandada desde la tablet de la mujer, se transformó en una sonda de exploración equipada con cámaras, micrófonos y sensores.
Alex suspiró.
—Eres una aguafiestas, ¿lo sabías? —exclamó el niño.
Iris lo miró y sonrió.
—Aunque mi aspecto sea de alguien de 20 años, solo tengo un año de vida. No voy a seguir a un suicida como tú a la muerte. Quiero vivir más años.
—¿Cuántos? —le preguntó Alex, sonriendo.
Iris suspiró.
—Digamos que me conformo con unos 3000 o 4000 años de vida.
Iris activó la sonda y esta entró flotando dentro de la gruta. Lo único que se veía era lo que alumbraba la luz que llevaba la misma sonda. En solo dos minutos recorrió el túnel recién perforado y llegó al final de este.
Iris detuvo la sonda justo al final, frente a la entrada de la nave. El láser del taladro había perforado los estratos y sedimentos en dos minutos; el blindaje de la nave, en cambio, les había llevado los dieciocho restantes. De ahí los veinte minutos totales.
—¿Entras ya o nos vamos a pasar la eternidad aquí? —indicó Alex.
Iris pulsó el botón de movimiento y la sonda traspasó el boquete abierto en el casco.
Lo primero que vieron fueron sistemas de soporte vital y computación funcionando. Habían entrado por la zona del puente de mando.
—Inicia un escaneo total de la zona —le ordenó Alex.
Cuando Iris presionó el botón, un rayo de escaneo verde envolvió todo el puente de mando.
—Escaneo terminado —indicó Iris.
Alex activó un holograma del puente de mando proyectándolo en el suelo, a tamaño real. Era enorme. El niño caminó por todo el holograma mirándolo todo, aprendiendo, y de pronto algo llamó su atención.
—Dirige la sonda a ese lugar.
Era una mesita que estaba junto al asiento del capitán de la nave.
—¿Qué has visto? —preguntó Iris, intrigada.
—Ahí, en ese lugar —señaló Alex.
La sonda se detuvo frente a algo que había encima de la mesita. Eran unos objetos cuadrados. Por los análisis, era tecnología, pero parecían piezas de metal.
Iris observaba curiosa al niño.
—Solo es chatarra —indicó.
Alex no dijo nada. Solamente miraba el holograma fijamente. Cuando Alex prestaba atención de esa manera a algo, era importante.
De pronto, un ruido llamó la atención de la joven. Miró hacia la Quimera y vio algo que la dejó paralizada.
—¿Nivi? —exclamó.
La pequeña verkana estaba al final de la rampa de la nave, tratando de levantarse de un charco de barro al que se había caído al bajar.
Iris recordó entonces los ruidos sospechosos que había oído durante el despegue, aquellos que atribuyó a la vibración del motor. La niña debía haberse colado en la bodega de carga mientras subían.
Caminó a toda velocidad hacia ella.
—¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Y cómo... cómo coño has logrado colarte en la nave? —le preguntó en verkano, con la voz tensa.
La niña no respondió. Solamente agachó sus orejas y cola, como si supiera que había hecho algo malo.
Entonces Iris se paralizó en seco. Era un androide, pero algo en su interior le decía que tenía que mirar hacia Alex. Giró lentamente su cabeza y no lo encontró. Alex había desaparecido.
—¡Maldito mocoso suicida! —gritó al aire, elevando los brazos y asustando a Nivi, que dio un paso atrás y tropezó de nuevo con el barro.
Iris se volvió hacia la verkana y, señalando el suelo con firmeza, le indicó que no se moviera de donde estaba. Después comenzó a caminar hacia el interior de la gruta, entrando por el boquete de la nave.
Nivi suspiró, se limpió el barro de la rodilla como pudo y miró fijamente la entrada. En su interior, la misma curiosidad e impaciencia que ardía en Alex rugía con fuerza. Se quedó inmóvil unos segundos, debatiéndose entre la orden de Iris y su propio deseo. Finalmente, comenzó a caminar, acercándose a la entrada. Se detuvo un instante más, y después entró en la gruta, siguiendo los pasos de Iris.