Ecos del abismo: Guerras Secretas

Fantasma con bolsa de papel kraft (2020)

El cielo de Manhattan se había levantado con un gris plomizo y sucio, como si alguien se hubiera olvidado de encender la luz del día. Tris levantó la mirada y soltó una maldición entre dientes dirigida al hombre del tiempo de la tele. «Soleado y agradable», había dicho el tipo. Claro.

—No hay ni un maldito rayo de sol —masculló, metiendo las manos en los bolsillos de la chaqueta.

Caminaba por Broadway, en esa zona liminal entre la 34 y la 42, donde el ruido de la ciudad se condensa y las pantallas gigantes de Times Square empiezan a dominar el horizonte. Hacia Herald Square el bullicio era un poco más humano, un poco menos apabullante.

Entonces la vio: en el escaparate polvoriento de una tienda de discos y películas usadas, un estuche brillaba bajo el neón rojo. Doraemon: Nobita's Space Heroes (2015). Edición especial con libreto. Tris se detuvo en seco. Era fan desde los siete años; ese gato azul con hélice en la cabeza seguía siendo su refugio culpable.

Entró sin pensarlo.

Pagó en efectivo, salió con la bolsa de papel kraft y, a los tres pasos, ya estaba abriendo el estuche para comprobar que no fuera una falsificación. El disco relucía, la caja sin una sola marca de dedos. Sonrió como un niño que acaba de ganar un premio.

«Palomitas con mantequilla. Luz baja. Noche perfecta», se dijo mentalmente mientras reanudaba la marcha.

Y entonces algo llamó su atención.

A unos cuarenta metros, entre la marea de abrigos oscuros y paraguas cerrados, un perfil inconfundible. Gorra de los Yankees calada hasta las cejas, hombros encorvados, paso rápido y nervioso.

—¿Lena? —susurró Tris, incrédulo.

Alzó la mano para llamarla, pero el ruido de un claxon y el parloteo de un grupo de turistas se tragaron su voz. Lena no se giró. Siguió recto hasta detenerse frente a la imponente entrada de cristal y acero de VXN News, la cadena que dominaba las pantallas de media Nueva York.

Tris frunció el ceño.

La curiosidad —esa vieja conocida que le hacía meterse en muchos líos— le trepó por la espalda. Sabía que estaba a punto de cruzar una línea. Y la cruzó igual.

Presionó el botón oculto en la manga izquierda de su chaqueta. El traje respondió al instante: un zumbido casi imperceptible, un leve cosquilleo en la piel y luego… nada. Su reflejo desapareció del cristal del escaparate más cercano. Invisible.

Cruzó la calle esquivando taxis y peatones, subió los escalones de la entrada y se colocó a tres metros de Lena, justo detrás de ella.

Uno de los guardias de seguridad miraba a la joven con los ojos muy abiertos.

—¿Señorita Lena? ¿Cuándo carajos salió? No la vimos pasar.

Lena se quitó la gorra un segundo, dejando ver una sonrisa traviesa.

—Tranquilo, ¿Mike? —indicó al ver la placa de identificación del guardia—. Me están confundiendo con mi hermana.

—¿Su… hermana?

—Lena Sofía Ramírez —dijo ella, señalándose—. Lena María Ramírez, su presentadora estrella, es mi hermana. Somos gemelas idénticas. Muy idénticas.

Los dos guardias se miraron como si les acabaran de contar que Papá Noel existe. Tris, invisible a menos de tres metros, sintió que se le caía la mandíbula.

Lena puso los ojos en blanco, divertida.

—No es coña, chicos. ¿Pueden llamarla y decirle que Sofía está abajo? Y que quiere verla.

El guardia más joven descolgó el teléfono interno.

—Señorita Lena… tenemos aquí a alguien que dice ser su hermana Sofía.

Hubo un silencio al otro lado. Luego una voz aguda y emocionada:

—¡Bajo ya! ¡Dile que espere en la zona VIP!

El guardia colgó y señaló el pasillo.

—Puede pasar. La señorita Lena baja enseguida.

Sofía asintió, se puso de nuevo la gorra y siguió al guardia hacia el interior del edificio.

Tris, flotando en su invisibilidad como un fantasma cotilla, la siguió sin dudarlo. La curiosidad ya no era un cosquilleo: era un incendio.

Y él acababa de echarle gasolina.




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