—Bueno —indicó Alex—. Ahora, ¿exploramos la tableta que nos han dejado nuestros amigos?
—Adelante. Si te soy sincera, yo también tengo ganas de saber qué nos permiten y qué no nos permiten saber de ellos —susurró Iris.
Alex agarró la tableta y la observó.
—¿Cómo se pone en marcha esto?
Sus dedos pasaron sobre la pantalla y esta se encendió. Alex se quedó callado, sin decir nada.
—¿Qué pasa? —preguntó Iris.
—Ha aparecido algo que parece un menú, pero está en el idioma alienígena. No tengo ni idea de lo que pone.
—Iniciando la traducción —indicó una voz.
Las letras comenzaron a cambiar del idioma alienígena al español.
—Vaya, se ha traducido solo.
—¿Y qué pone? —preguntó Iris, casi atropellando las palabras.
—Veamos… Razas que forman parte de la Federación. Razas primitivas bajo protección de la Federación. Historia galáctica. Razas extintas. Proyecto de recuperación galáctica… y más.
—Esa última. Pulsa el botón y veamos qué es el Proyecto de recuperación galáctica —le pidió Iris.
Alex pulsó el enlace y la pantalla cambió. Comenzó a leer despacio.
—¡Joder! —soltó de pronto el niño.
—¿Qué ocurre?
—Léelo por ti misma.
Alex sacó un cable de su reloj y lo conectó a la tableta alienígena. Iris comenzó a leer el enlace. Tardó solo tres segundos.
—Vaya, vaya —exclamó—. Ahora se entiende la paradoja de Fermi. El motivo por el que no contactábamos con aliens no es porque fuéramos un zoo, ni una prisión, ni por leyes de no contacto. Se estaban matando entre ellos.
Iris soltó una risa irónica.
—Nosotros creyendo que no nos contactaban porque somos primitivos y agresivos, y resulta que ellos son peores que nosotros. Se mataron en una guerra que duró más de seiscientos mil años. Y luego los agresivos somos nosotros. La Federación fue fundada para acabar con la guerra hace trescientos mil años, cuando nosotros todavía estábamos en cuevas.
Alex frunció el ceño y acercó más la tableta a su rostro.
—¿Has visto esto? Antes de la guerra había más de diez mil civilizaciones. Después de ella… solo queda un cinco por ciento: quinientas. Y de esas quinientas, el veintidós por ciento son de nivel II. Ciento diez razas forman la Federación. El setenta y ocho por ciento son razas primitivas que todavía no han salido de sus planetas.
—Como nosotros —le indicó Iris—. Leeré más. Veamos… He leído la parte de la historia de la Tierra.
—¿Y?
—Todo normal hasta llegar a la extinción de los dinosaurios. Esto te gustará. Los humanos de la Tierra creen que un asteroide exterminó a los grandes reptiles. No andan desencaminados. Fue un asteroide, pero no fue natural. En esa época había un conflicto menor entre los draconianos de Orión y una raza insectoide. Los de Orión tenían en un asteroide enorme una base en el sistema. Sus rivales la atacaron y parte de ese asteroide-base, al ser destruida, impactó sobre la Tierra, aniquilando a los saurios.
—Resumiendo —la interrumpió Alex—: los grandes saurios no estaban condenados a extinguirse. Se extinguieron por la guerra de dos razas agresivas.
—Y eso no es todo.
—¿Hay más?
—Sí. En esa época existía una alianza de unas veinticinco razas que habían sembrado la Tierra de vida. El cabreo que cogieron con las dos razas en combate fue tal que les prohibieron entrar en el sistema solar durante unos veinte millones de años. Las dos razas aceptaron la condena y, cuando se marcharon, los sembradores…
—¿Sembradores? —la volvió a interrumpir Alex.
—Sí, así se llaman esta alianza o grupo. Se dedicaban a sembrar vida en mundos. Pensaban hacer que de los dinosaurios surgiera una raza inteligente, pero los dos enemigos jodieron sus planes. Tuvieron que empezar de cero. Pusieron sus ojos en un pequeño mamífero que sobrevivió a la catástrofe y de ahí surgimos nosotros. Espera…
Un silencio tenso llenó la habitación.
—¿Qué pasa ahora? ¿Hicieron mal su trabajo o alguna cosa mala?
—No —respondió Iris—. Malo no. Según esto, lo que los humanos llamáis ADN basura es ADN de las veinticinco razas alienígenas. Por algún motivo que no pone aquí se desconectaron las demás hebras de ADN, dejando dos conectadas.
—¿No pone por qué?
—No. Solo pone… No lo traduce. Pone «Natkor arat vont». No sé qué significa.
—Significa «demasiado poderosos». Es el idioma de una de las veinticinco razas que intervinieron en la Tierra.
Alex se giró hacia el lugar de donde provenía la voz.
—Nerada. No te he oído entrar.
El alien suspiró.
—Vengo a buscarte, cría. El Consejo te recibirá ahora.
Alex se bajó de la silla y se acercó al gris.
—Me llamo Alex. Alex, no «cría».
—No me importa. Ahora vamos. El Consejo espera —dijo, y señaló el camino a un Alex enfadado.