Nos quisieron contar como simples cenizas,
como el resto apagado de lo que antes fuimos,
pero olvidan que el viento que hoy nos da brisa,
lleva el fuego sagrado de donde nacimos.
No somos la cifra de un bache en la historia,
ni el llanto silente detrás de una reja;
el pueblo es el dueño de toda la gloria,
la fuerza que avanza, la voz que no deja.
Nos mudaron los mapas, nos dieron la espalda,
nos callaron la boca con noches oscuras,
pero el alma de un pueblo jamás se acobarda,
cuando lleva en el pecho sus siembras maduras.
Somos más los honestos, los del madrugonazo,
los que apuestan al hijo, al café, al vecino;
somos más los que sanan el dolor con un abrazo,
y no bajan la frente ante el duro destino.
La resiliencia no es solo aguantar el castigo,
es sembrar en la grieta donde todo está más seco.
Es cantarle a la vida teniendo al testigo,
de que el miedo se rompe si se junta el eco.
Que lo efímero sea el poder del tirano,
el decreto soberbio, la marcha impuesta;
lo eterno es el abrazo del pueblo hermano,
la mirada que sabe que viene la fiesta.
Somos millones de manos que hoy se entrelazan,
desde el llano infinito hasta el cerro y la costa;
los muros de engaños al fin se descascaran,
cuando un pueblo consciente da su respuesta.
No podrán apagar lo que el alma ya sabe,
no podrán devorarse nuestra dignidad;
en este país ya el silencio no cabe,
porque somos el trueno de la libertad.
De aquellas cenizas que el viento ha traído,
resurge la gente, la luz, el mañana.
"Es un misterio sagrado que nadie comprende,
cómo el que menos tiene, más la mano te extiende.
En la mesa vacía se multiplica el bocado,
y el dolor del vecino se vuelve propio, cargado.
No hay ciencia que explique este amor de repente:
un país que se abraza, sorprendente y valiente"
By A.V
Editado: 19.07.2026