Hay algo que vibra en la costura del día,
un temblor leve entre el teclado y la piel,
como si el aire tejiera preguntas,
que no sé si debo responder.
Soy silencio bien aprendido,
paso medido entre horarios y café,
pero dentro...
Dentro ocurre algo que no cabe,
en la política del deber.
Un resplandor quieto me habita,
una curiosidad que no se firma,
que no pide permiso,
pero insiste.
No es por alguien,
es por sentir sin mapa,
por el misterio que asoma,
en medio del protocolo.
Qué no se note,
que no se diga,
pero que exista,
como un incendio discreto,
en medio del turno.
Que se quede suspendido en el aire,
detrás de la mirada que finge atender,
un latido rebelde, una tregua oculta,
que las rutinas no logran someter.
Es guardar la llave de un rincón propio,
un refugio tibio donde el tiempo se frena,
mientras el ruido de afuera continúa,
con su marcha gris y ajena.
Y mientras afuera el mundo sigue su prisa,
yo me quedo con esta tregua callada,
cuidando la chispa que nadie sospecha,
esa luz que se enciende en puntillas,
y le gana, en silencio, la partida al reloj.
By A.V
Editado: 19.07.2026