Detesto alzar la voz para ser oída,
detesto que escuchen sin escuchar.
Confunden silencio con ausencia,
y hablar con saber contestar.
Escuchar no es llenar el aire,
es quedarse quieto, sin interrumpir,
es un acto de entrega, de espera,
no un turno para discutir.
Sin tanto ruido, sin tanto ajetreo,
¿es tan difícil comprender
que el silencio también es consuelo,
que no todo se debe resolver?
No se trata de poder o permiso,
ni de tener algo que decir,
sino de saber cuándo el alma
solo necesita fluir.
Nos asusta la pausa sostenida,
nos precipita el afán de opinar,
como si el valor de estar presentes
se midiera en hablar por hablar.
Hay verdades que habitan abajo,
en lo quieto que no hace alharaca,
donde sobra cualquier argumento
y la prisa del juicio se apaca.
Cuando alguien se abre, se rompe,
no busca consejos ni razón,
solo quiere un pecho que acoja
el peso de su emoción.
"No es nada", me dicen. "Te entiendo",
palabras vacías, sin raíz.
Pero comprender no es repetir frases,
es sentir lo que el otro dice y no dice.
Comprender es un arte sutil,
ponerse en los pies del dolor,
es mirar con ojos prestados
y abrazar sin juicio, con amor.
Es aprender a guardar las respuestas,
sostener la mirada sin prisa,
ser el cauce donde la palabra
se vuelve refugio y brisa.
Porque el que sabe guardar el respiro,
mientras el otro expone su herida,
descubre que en la calma desnuda,
se encuentra la escucha sentida.
"Audi tacite, ut intellegas vere."
Escucha en silencio, para comprender de verdad
By A.V
Editado: 06.08.2026