Hay una fuerza que no se ve,
pero que todo lo sostiene.
Como el amor, como el miedo,
como el eco de una nota,
que aún no ha sido tocada.
Los planetas giran, obedientes,
al tirón de lo que no entienden.
Y nosotros también:
orbitamos promesas,
deseos, ausencias,
como si el alma tuviera su propia física.
una arquitectura secreta,
de atracciones y mareas,
donde lo que no se pronuncia,
ejerce la presión más verdadera.
Somos cuerpos en reposo,
esperando esa colisión sutil,
un campo magnético que se activa,
sin necesidad de rozar la piel.
No hay ecuación que explique,
por qué un gesto nos conmueve,
por qué una palabra nos ancla,
por qué el silencio pesa más
que mil galaxias en expansión.
Hay hilos que no se rompen,
aunque se estiren en el mapa,
frecuencias en la penumbra,
que la lógica jamás atrapa.
Es la masa tenue del recuerdo,
curvando el espacio entre los dos,
demostrando que lo más denso
a veces carece de voz.
Gravedad de lo invisible:
eso que nos une sin tocarnos,
eso que nos mueve sin saberlo,
eso que, como tú,
convierte la distancia en vínculo,
y el instante en eternidad.
By A.V
Editado: 06.08.2026