Ecos del Alma: Frecuencia de lo Íntimo

Vulnerabilidad

Nos enseñaron a temer el temblor,

a disfrazar la tristeza con eficiencia,

a esconder el alma detrás de agendas,

a sonreír aunque el pecho crujiera

por dentro.

Nos dijeron que sentir era perder,

que mostrarse era rendirse,

que la emoción era un lujo

que no podíamos permitirnos.

A los hombres, les tallaron la piel

con mandatos:

no llores, no dudes, no te rompas.

A las mujeres, nos exigieron fortaleza

sin pausa:

sostén, cuida, resiste, pero no te quejes.

Y así, todos fuimos aprendiendo

a callar lo que duele,

a maquillar el cansancio,

a fingir que no pasa nada

cuando todo dentro grita.

Pero ¿quién escribió esa ley sin tinta?

¿Quién decidió que la vulnerabilidad

es sinónimo de derrota

y no de humanidad?

Hoy la desobedezco.

Hoy la nombro.

Hoy la rompo.

Desarmo el disfraz de acero,

me quito el peso del escudo,

y permito que la grieta

deje entrar la luz del mundo.

Aprendo a perdonarme la pausa,

a dejar de exigir impecabilidad a la herida,

sabiendo que la piel más fuerte,

es la que ha aprendido a cicatrizar.

Porque hay dignidad en el que se

cansa,

hay belleza en la que se derrumba,

hay verdad en el que dice:

"no puedo más"

y aún así,

sigue.

No somos débiles por sentir.

Somos valientes por mostrarnos.

Somos libres cuando dejamos de

fingir.

Somos humanos, no máquinas.

Sentir no es debilidad: es esencia.

Sentir nos hace ser humanos.

By A.V




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