Todos cargamos tormentas,
aunque el cielo parezca en calma.
Hay grietas que no se ven,
pero laten bajo la palma.
No finjas ser salvavidas
si no sabes nadar en su mar.
Pensar en otros es noble,
pero no todos quieren hablar.
Hay quien busca la sombra pura,
quien necesita estar en soledad,
sabiendo que hay ciertas heridas
que no se sanan en comunidad.
Hay quien calla su batalla,
la esconde tras una sonrisa,
prefiere el eco del pecho
a la guerra que no avisa.
Otros gritan, se desgarran,
y luego, como si nada,
borran el fuego con risas,
como si el alma no ardiera en llamas.
Y están los que hieren solos,
sin razón, sin redención,
sabotean su propia calma
en nombre de una emoción.
No hay una fórmula correcta,
ni un mapa para atravesar el dolor,
cada quien busca su refugio
a la sombra de su propio miedo o valor.
No todos sangran igual,
ni curan con la misma sal,
ni entienden el mismo idioma
cuando se trata de amar.
Así que ofrece tu mano,
pero no impongas tu paz.
A veces, el mayor gesto
es saber cuándo soltar.
Es comprender en el silencio,
que acompañar no es arreglar,
sino estar cerca del abismo
sin pretender enseñarle al otro a volar.
By A.V
Editado: 06.08.2026