Pienso.
Y al pensar, me hundo.
No en el fondo del mar,
sino en el fondo de mí.
Un abismo sin agua,
pero con ecos.
Con espejos.
Con puertas que se abren solas
y otras que nunca se cierran.
Un laberinto construido
con paredes de vidrio y dudas,
donde cada esquina dobla
hacia una nueva hipótesis,
hacia una pregunta sin respuesta.
Pienso en lo que dije.
En lo que callé por miedo,
por orgullo,
por no parecer débil,
por no parecer intensa,
por no parecer.
Pienso en los ojos que miraron.
En cómo miraron.
¿Era ternura o lástima?
¿Deseo o costumbre?
¿O solo el reflejo de una necesidad?
Pienso en los silencios.
En los espacios entre frases.
En los puntos suspensivos
que cayeron
como migas de pan
para perderse.
Pienso en el mensaje que no se envió.
En el que sí.
En el que se borró.
En el que se escribió tres veces
y aún así sonó frío.
O peor:
Necesitado.
Pienso en la entonación exacta
con la que pronunciaron mi nombre,
en la pausa antes del saludo,
en el gesto imperceptible
que quizás no significaba nada
o que quizás lo cambiaba todo.
Pienso en si alguien piensa.
En si alguien piensa que pienso.
En si molesta,
halaga, asusta,
o da igual.
Pienso en el futuro.
En todos los futuros.
En el del abrazo.
En el del olvido.
En el del cruce de miradas
que no se reconocen.
En el del mensaje
cuando ya no se espera nada.
Pienso en el pasado.
En cómo se reescribe cada noche
para que duela distinto.
Para que duela menos.
Para que duela mejor.
Construyo escenarios hipotéticos
donde cambio las palabras,
donde el final es otro,
donde no existió el tropiezo,
ficciones perfeccionadas
que solo habitan en mi insomnio.
Pienso en esta versión mía
que se desvela por entender,
por encontrar sentido
donde solo hay azar.
Pienso en el pensamiento.
En su forma de morderse la cola.
En su danza circular.
En su voz que no calla
ni cuando duermo.
Y entonces entiendo:
no se piensa para entender.
Se piensa para no soltar.
Para no dejar que algo se vaya
del todo.
Pensar es una forma de retener.
De hacer existir
aunque sea en la mente.
Aunque sea en el insomnio.
Aunque sea en este poema.
Que no termina
porque yo tampoco termino
de pensar.
Porque mientras haya un parpadeo en la
sombra,
la mente seguirá hilando causas,
perpetuando el eco de lo que ya fue,
para no tener que enfrentarse
a la quietud del vacío.
By A.V
Editado: 25.08.2026